| AURAMAR III |
Relato por msm_caliente@hotmail.com |
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| domingo, 27 abril 2008 | ||||
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Era casi media mañana cuando llegué, llevaba un bolso en el cual tenia unos instrumente que quería usar para darle placer a Auramar (Aceite para masaje, sogas y un consolador de silicón)... Luego del saludo correspondiente y de tomarnos un jugo, don Carlos me condujo al lugar que ellos deseaban ordenar. Era un cuarto que estaba encima de la habitación dedicada a lavandería, y al cual se subía por una empinada escalinata pegada a la pared. Amablemente me pidió que ayudara a su esposa a sacar algunas cajas al patio, para hacer espacio. — Yo —dijo con voz lastimera—, lamentablemente ya no estoy para esos trotes y no puedo hacer fuerzas. Don Carlos había sobrevivido a una severa enfermedad y a un derrame cerebral, que ahora lo obligaba a apoyarse en un bastón para poder caminar, muy amable y servicial. El cuartito estaba ocupado con varias cajas y otros empaques, y tenía en un extremo una cama cubierta con una vieja colcha de color verde, que había acumulado bastante polvo con el tiempo. También había un armario, una cómoda pequeña y un tocador con su respectivo espejo. La cama estaba ocupada por varios artículos de cristal y cuando Auramar se inclinó a recogerlos, me dio un espectáculo con el imponente panorama de la generosa porción de sus nada despreciables senos, que podía apreciarse a través del pronunciado escote. Obviamente, ella no tenía puesto brasier y las tetas de la mujer pendían despojadas de su abrazadera y se me mostraban en toda su plenitud y esplendor. No pude evitar el sentir deseo al apreciar los atributos de la dama, y me recriminé ese instinto animal que todos guardamos en el interior de nuestro ser y que nos hacen aflorar pensamientos sexuales, pero aun don Carlos se encontraba allí abajo, esperando. Comencé a bajar al patio algunas de las cajas que estaban cerca de la entrada y cuando subí nuevamente, la vi acomodándose uno de los senos. Por mi cabeza se cruzaron nuevamente unas locas ideas. - Déjalas así sueltas, para poder apreciar lo que de un momento a otro será mi deleite. - Sonrió y las saco ambas. - Por favor, ven chupalas, mira como están esperando por sentir tu lengua. - Con todo gusto.— y me lance sobre ese par de tetas, las chupe con desesperación, ella gemía, UMMMM... mientras abajo estaba su marido. Comenzó a jadear y mi verga ya pedía salir del pantalón, de pronto me dice que esperemos, me separo y se las guarda, ambos estábamos exaltados... - Por favor, súbete en esa silla y bájame esa caja grande que está sobre el armario. - Con todo gusto. — Mi verga aun estaba a mil en el momento en que me subía a bajar lo que me pedía. Me subí a la silla e involuntariamente volví a ver hacia abajo. Pude apreciar, de nuevo el esplendoroso panorama de sus senos a través del escote y me quedé mirándola. Ella me sonrió y se tocó suavemente un pecho con cada mano, diciéndome: -ELLAS TAMBIÉN TE DESEAN, TODA YO TE ESTA DESEANDO. -Parece que te estoy dando un espectáculo.... - claro, mía amor, toda tu eres un espectáculo. —respondí sin poder quitar mis ojos de su busto. Como quien no quiere la cosa, movió fugazmente su mano derecha, rozando el bulto en mis pantalones. — Ten cuidado. No vayas a caerte. — No, tranquila — respondí. Comenzó a decirme lo mucho que apreciaba mi ayuda y lo mucho que le hacía falta un hombre en la casa, ya que don Carlos no podía satisfacerla en nada. Hablaba y acariciaba mi pierna, al tiempo que mi bulto notorio quedaba en frente directo de su cara. De improviso, puso su mano directa y descaradamente sobre mi verga, haciéndome dar un salto. Para entonces, la calentura ya hacía presa de los dos, disimulada en parte, evidentemente deseada y por que no decirlo, premeditada. Me bajó el cierre de mis pantalones y, metiendo la mano, me sacó la verga, la que comenzó a mamar sin esperar nada. Casi me caigo de la silla ante aquella sensación. Deseé abalanzarme sobre ella y hacerle el amor. De pronto, se escuchó la voz de don Carlos, para que viera unas fotos antiguas que tenía en la mano y que él había encontrado en una de las cajas que habíamos bajado. Eso me sobresaltó, al grado de hacerme perder la erección. Ella me miró y me dijo: — Bajare a ver que quiere y terminare de preparar el almuerzo, inmediatamente después de almorzar. Carlos siempre toma una siesta y se va levantando a eso de las cuatro de la tarde. Tendremos todo ese tiempo para nosotros. Sin saber qué responder, me limité a sonreírle y se marcho. Un vez estuvo listo el almuerzo, ella me dejo solo con don Carlos, mientras se daba un baño y hacia no se que cosa... Al terminar de comer don Carlos se tomo unas pastillas y me pidió disculpas por retirarse, me indico que seguramente pronto Auramar me haría compañía... Me fui hasta el cuartito superior. Ella no estaba allí, pero noté que la cama ya estaba aseada, con sábanas y colcha limpias. Oí unos pasos subiendo por la escalera y vi a Auramar con una bata floreada y fresca, recién bañada y oliendo a un delicioso perfume. Me sonrió y me dijo: — Ahora sí... tiempo para nosotros. Deseosa de actuar rápido, la mujercita se recostó en la cama de espaldas y desenlazó su bata, liberando completamente sus hermosos senos, que quedaron mostrándose ante mí. Paralelamente elevo una rodilla y con ese movimiento descubrió el bloomer rosado que permitía mostrar la preciosa cuca y la parte baja del par de sus deliciosas nalgas, una maniobra descarada de la excitada fémina. — ¿Qué me dices? —preguntó Sólo atinaba a deleitarme con el cuadro de exhibicionismo que se me brindaba; las cortas piernas se balanceaban frente a mí. Acto seguido el cuerpo de la señora se giró en 180 grados para mostrar la otra mitad, como tratando de convencer al cliente de que la mercancía vale el costo que se pide, el costo de la sexualidad juvenil. - ¿Qué te parece? —insistió. - Es usted muy hermosa —atiné a decir con cierta torpeza. - No debemos perder el tiempo —sentenció. Comprendí que ella urgidamente deseaba realizar el acto sexual y que yo le regalara ese pedazo de carne que guardaba prisión en mi ya abultado pantalón. La mujercita se incorporó en la cama y aprovechó para aferrase a mi duro mástil que ya no resistía el enclaustramiento. Con las tetas colgando. — Uyyy... ¡mira lo que tenemos acá! — No es nada. — ¡Que bárbaro! ¡Tan bien dotado y dice que no es nada! — No digas eso, es normal nada más. Ya habían sido puestas las cartas sobre la mesa, y procedió a bajar el cierre que ocultaba el pedazo de carne que enrojecía a causa de la sangre que recorría el miembro con una velocidad espantosa, lo liberó y con la mano comenzó un encantador masaje que me transportaba hacia las extremidades del placer, la verga parecía haber sido invadida por una enredadera que la abarcaba en toda su longitud, tal la impresión que le daban las hinchadas venas del mástil. El latido de nuestros corazones colmaba el cuartito con un ritmo que se intercalaba de un corazón a otro, mis pantalones se deslizaron por las piernas y lanzaron un sonido originado por el choque de la hebilla con el suelo, mientras que desesperadamente la mujer se despojaba de la bata. Apretó mis glúteos y la erguida verga fue a clavarse al orificio bucal de Auramar, quien sin ningún recelo comenzó a prodigarle unas lamidas electrizantes, el glande aparecía y desaparecía en su boca y cada vez que salía adquiría un color más oscuro, casi amoratado. La excitación estaba al máximo de su potencia, ella se dejó caer de espaldas en la cama, halándome consigo, provocando de forma impresionante que mi verga fuera a introducirse directamente al humedecido agujero. Era tanta la humedad que por supuesto entró como zurdeando en un mar de placer y yo instintivamente empujé con mis nalgas para ahondar más en la profundidad de Auramar. Mi instinto animal salió a flote y colocando las rodillas en la cama, tomé de las piernas a la hembra y la alcé a la altura de mi vientre para perforar con todas mis fuerzas a esa mujer que me brindaba su intimidad, la sensación fue lo mejor del momento; ella sentía que sus entrañas eran invadidas por mi verga y no quería que el intruso se le escapara, por lo que apretó las piernas para aprisionar al miembro y contrajo su interior, ese masaje me brindaba un placer indescriptible. Decidí incorporarme en la cama y paralelamente aprisionaba las nalgas de la mujer, lo que hice con tal vehemencia que parecía que la hembra se partiría en dos, literalmente la estaba descuartizando; con los ojos cerrados y alzando la vista hacia el techo, atraje las nalgas de la mujer y mi verga alcanzaba lo más recóndito de su intimidad, a la que a su vez sentía como su cabeza apenas rozaba la cama y con las manos trataba de dar estabilidad a su cuerpo, sintiendo como la penetración le daba un gozo de proporciones inimaginables, un cosquilleo placentero le anunciaba un cercano acto de clausura, la sangre se calentaba al compás de las embestidas. El chapoteo que se escuchaba con cardíaco ritmo, aumentaba la sensación de placer; los cuerpos se tensaban y las piernas temblaban, la fuerza con que yo apretaba las nalgas de la mujer, hizo que el tronco de la hembra se incorporara y la ayudé con una mano en la espalda, al momento que las piernas femeninas abrazaban mi cintura y nuestras bocas se fundían en un húmedo beso, las tetas comprimían su volumen en mi pecho y se producía la inevitable descarga de semen. Una corriente eléctrica recorría ambos cuerpos y el efecto me obligó a doblar las piernas y caer arrodillado en la cama mientras la hembra caía sentada en mis piernas, sin soltar aun mi verga. Las fuerzas nos abandonaron a ambos y pesadamente nos desplomamos hacia un costado, las jadeantes respiraciones delataban un acalorado ajetreo mientras la tarde seguía su curso, el tiempo había avanzado inexorablemente, pero yo recordaba aun que teníamos otro asunto pendiente. Una vez relajados en la cama, le dije que recordara lo que me había ofrecido días antes, sonrió y me beso... Me tomo de la mano y nos dirigimos al baño de visitas, allí nos asemos, ella a mi y yo a ella, en eso mi verga comenzó de nuevo a querer mas placer y ella al parecer estaba tan dispuesta como yo... Mientras nos secábamos, me pidió que subiéramos rápido, pues ya podía estar por despertase el marido... Al llegar arriba, decidí que ahora yo llevaría el control total de la situación, le dije que se acostara que le daría un masaje y que solo obedeciera mis peticiones, con una sonrisa se acostó, tome mi bolso y saque el frasco de aceite para masajes y lo deje abierto a un lado de la cama, para luego usar el consolador de silicón... Me acerque a la cama y me puse de pie junto a ella, nuestra respiración estaba claramente alterada. Sin cruzar una sola palabra y mirándonos muy excitados a los ojos, cogi el bote de aceite y la empape por completo, desde mi posición de pie, empecé a tocas su cuerpo empapado en aceite, la pegue un repaso de caricias general, me empecé a recrear especialmente con sus tetas, ya que se encontraba acostada boca arriba. Ella quiso quitarme la toalla y meterme mano en mi paquete. Pero yo no la deje y lleve su brazo hacia la almohada, indicándole que se relajara y disfrutara por el momento de mis caricias. Recorrí sus tetas y su abdomen sin prisa, le toque los muslos sin llegar a tocar nada mas, estaba muy excitada, y levantaba su pelvis deseando que la tocara. Por fin la pegue una pasada por su cuquita, como muy ligera y liviana, desde el ano abriendo sus labios vaginales y siguiendo dirección de nuevo a sus tetas, ella soltó un gemido y jadeo ligeramente, entonces volvió a su intento y tiro de mi toalla. En esta ocasión por supuesto que se lo permití, yo también estaba calientísimo. Ella empezó a tocar mi verga, que parecía que iba a explotar. Solo la deje tocarme unos segundos y volví ha retirar sus brazos, estaba clarísimamente excitada, alterada. Yo empecé a meter mis dedos en su cuca y empapado de aquellos líquidos, esa mezcla de flujo vaginal, sudor y aceite, tras unos segundos de meter y sacar mis dedos, yo seguía de pie junto a la cama, en esa misma postura me acerque a su cara, ella inmediatamente se metió mi verga en la boca, mientras yo seguía metiendo y sacando mis dedos de su cuquita. Mis piernas tiritaban por la postura y lo excitado y caliente que yo estaba, ella seguía gimiendo mientras me seguía chupando la verga, yo empecé a meter un dedo por su culo. Fue entonces cuando ella hablo por primera vez desde que habíamos subido, con su voz alterada por la excitación me dijo: -Recuerda que te pedí que si eras tierno y cariñoso te lo daría.... Recuerda que nunca lo he dado... UUMMMMMM, AYYYY ES UNA SENSACION EXTRAÑA PERO SIGUEEEE, ME GUSSTAAA... Eso me puso mas caliente todavía. Cogi el consolador y empecé a pasárselo por el coño y por su clítoris, ella dijo: - ESO TAN GORDO NO ME CABEE. AYYYY, QUE RICO TUS DEDOS AUUANNNN, QUE DIVINA TU VERGAA.. HAAA.... Mientras yo seguía de pie y ella seguía cogida fuertemente a mi verga y chupando. empecé a meter semejante verga de silicona en su cuquita, parecía mentira pero entraba, ella empezó primero a gritar y a levantar su culo de la cama, se corrió en menos de una metida, se quedo totalmente exhausta y recuperando su respiración. Yo saque con cuidado el consolador, ella pego otro pequeño grito entre dolor y placer, tenia la cuca muy abierta. Sin dejarla descansar, tire de sus tobillos como si fuera a tirarla de la cama, hasta que deje su cuca justo al borde del colchón, levante y doble sus rodillas y la invite a que se cogiera ella misma sus piernas para dejarme actuar a mí. Con su cuquita abierta, le pegue tres o cuatro lametazos en el clítoris y desde mi posición de pie, empecé a hurgar su ano con la punta de mi pene. Eche otro gran chorro de aceite y empuje, ella grito e intento apartarme, pero ya era tarde, había metido mi capullo dentro, me agarre a sus muslos flexionados y empecé a bombear, ella paso unos segundos francamente mal, su cara de dolor y la forma de morderse sus propios labios la delataban, se agarraba a las sabanas como si las fuera a romper, pero se vino arriba y note como estaba disfrutando. Entonces, saque mi miembro de su culo y pase a tumbarme en la cama, mis piernas estaban dormidas de cansancio, le pedí que se sentara encima de mi y que se metiera de nuevo mi verga por el culo. Ya lo tenia dilatado, la cabeza de mi verga había echo su trabajo, la maniobra fue muy sencilla, se puso en cuclillas, lo dirigió a su entrada y UMMMMMMMM, poco a poco ella misma lo fue dejando entrar... empezó a cabalgar encima de mi, sus tetas se movían y yo estaba apunto de correrme dentro se su culo, pero ella me tomo la delantera y se corrió creo que por segunda vez en ese rato. Estaba absolutamente desecha y eso me gustaba, me podría haber corrido en ese mismo instante en el interior de su culo, pero me gustaba verla gemir y no aguantar más, por eso, decidí sacársela y no correrme. La cogi de la mano, la saque de la cama casi arrastras y la puse de rodillas en el suelo, se la veía totalmente cansada, satisfecha y dolorida.... De nuevo de pie y con ella de rodillas, empecé a meter mi verga en su boca, ella empezó a chupar, solo paro un segundo y me dijo: "POR FAVOR NO TE ALEJES NUNCA DE MI, ME ARDE LA CUCA, EL CULO... PERO ME GUSTA... NO ME DEJES NUNCA PAPIIII"... Yo la mire y asentí con la cabeza, empecé a gemir y ha decirle lo mucho que me estaba gustando como la chupaba y lo caliente que me ponía, ya estaba apunto de explotar, entonces separe sus manos de mi verga y la cogi por su cabeza, empezando yo con pequeñas embestidas a su boca, aguante la presión de mi leche, que notaba como iba a explotar, y en una de las embestidas, cogi firmemente su cabeza y me corrí como volcán en su garganta. Ella no dijo nada, de hecho siguió mamándomela, aunque permitía que el semen saliera por la comisura de sus labios. Ella me confeso que no había gozado nunca tanto, que aun sentía punzadas en su culo y en la cuca.... Nos seguimos besando y acariciando por un rato hasta que me dijo que nos levantáramos, quería lavarse el culo, pues lo sentida baboso... Apenas un instante después de habernos aseado y vestido, apareció don Carlos apoyándose en su bastón. Sin casi poner atención a lo que él decía emprendí mi labor de ordenar las cajas en el patio, al tiempo que vi a Auramar sonriendo desde la ventana de la habitación superior... Al terminar la labor, nos despedimos, allí estaba su marido delante, pero ofreció acompañarme a hasta le reja y al darme un beso en la mejilla, apretó mi verga diciendo: HASTA LUEGO MI AMOR.... Quieres que te cuente??.... Escríbeme entonces... (msm_caliente@hotmail.com)
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