| Luisa III |
Relato por msm_caliente@hotmail.com |
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| martes, 05 junio 2007 | ||||
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Cuando me abrió la puerta, casi me caigo de culo. Iba de rojo, un rojo intenso. La blusa era de seda semitransparente. Manga larga y sin botones, la llevaba anudada enseñando el ombligo y con un escote de los que quitan el hipo. Por la cantidad de pecho que enseñaba y lo que se movían las tetas estaba seguro de que no llevaba sujetador. La minifalda era elástica y muy corta. Le dibujaba perfectamente las caderas y le permitía enseñar unas piernas bien torneadas cubiertas con unas medias también rojas.... Me saludó, me dio dos besos. Ahora estaba seguro de que no llevaba sujetador, y al seguirla la vi contonearse moviendo el culo como nunca antes la había visto. Además, la falda era muy ajustada y no se notaba ni una raya. ¿Tampoco llevaba nada debajo?... Tras sacar dos cervezas nos sentamos en el sofá, uno al lado del otro.... Hablamos un poco de cosas varias, hasta que llego el momento en que me dijo que le encantaba que estuviera allí, que le encantaba que los hubiese ido a visitar y que le encantaba estar conmigo, que no pensara que era una regalada, que le gustaba mucho y que apenas me vio llegar hecho un hombre, sintió como se mojaba... Me quedé callado. Le sonreí, pero sin contestarle. Ella me sonrió también, y tras unos segundos eternos, se llevó sin decir nada las manos al nudo de su blusa y lo deshizo. Se quedó asi, con la blusa abierta enseñándome los pechos, aquellos divinos pechos, que ya me había gozado en oportunidades anteriores, efectivamente no llevaba sujetador. Me levanté del sofá y me coloqué detrás de ella. Luisa me miraba, sin saber lo que iba a hacer. Coloqué mis manos en su cuello, y las deslicé hasta los hombros, haciendo que la blusa los dejase al descubierto. Ahora podía ver sus pechos desde arriba. Le empecé a dar un masaje pasando de los hombros al cuello y volviendo a los hombros otra vez. Luisa se relajó, echó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y se dejó hacer. Mi masaje se desplazó hacia delante, primero hasta el inicio de sus pechos y luego dedicándome a ellos en exclusiva. Unos pezones grandes que yo hacía deslizar entre mis dedos, notando como crecían por la excitación, y los comencé a pellizcar suavemente con el pulgar y el índice. Luisa ahora gemía de gusto, y aproveché que seguía con la cabeza hacia atrás para inclinarme sobre ella y besarla en la boca. Me dio su lengua, y yo a ella la mía, mientras mis manos, después de jugar un rato con sus tetas, le acariciaron el vientre y el ombligo primero, las caderas después, y por último los muslos por encima de la falda. Di la vuelta al sofá y me puse frente a ella. Me incline, quedando con la boca a la altura de sus tetas, y las besé y chupé durante un buen rato. Luisa gemía cada vez mas, y abrazaba mi cuerpo con sus piernas. Bajé con mi lengua hasta el ombligo, que acaricié con la punta, y bajando cada vez mas llegué hasta la cintura de su falda. Entonces me dediqué a sus piernas, comenzando por las rodillas. Las besé por encima de sus medias rojas, separé aun mas sus piernas y fui subiendo con mis besos por el muslo, al tiempo que le iba subiendo la minifalda. Pasé con mis besos por encima de la banda de goma que sujetaba sus medias, y dejé convertida su minifalda en un cinturón ancho alrededor de sus caderas. Efectivamente, no llevaba nada, y con las piernas abiertas me estaba enseñando su cuquita. Esa cuca que ya me había devorado y gozado, se veía la humedad en ella. No aguante mas la tentación y me fui de boca contra aquella linda cuquita, comencé a lamerla con cariño, con paciencia, disfrutando con cada una de mis papilas gustativas el sabor de ella... Luisa gemía cada vez mas, y con frases entrecortadas me animaba a seguir. La humedad que se le notaba cuando empecé, se había transformado en un manantial de flujos, y con solo unos toques con mi lengua en el clítoris, Luisa empezó a tener convulsiones y emitió un grito largo y apagado. Se había corrido... Me bebí sus flujos, y entonces me dijo: - Ahora me toca a mi.... Nos levantamos. Ella termino de quitarse la blusa mientras me besaba, luego los zapatos, y por último se bajó la falda, quedándose solo con las medias. Siguió besándome, me quitó la camiseta, y jugó con su lengua en mis pezones, hasta ponerlos erectos. Se fue agachando besando mi cuerpo, hasta el pantalón. Desabrochó el botón, bajó el cierre y me lo quitó, así que me quedé solo con un boxer negro elástico, con el paquete a punto de reventar a la altura de su cara. Me empezó a bajar el boxer, y mi verga, dura como el hierro, casi la golpea en la cara. - Que larga y dura la tienes, cariño. Te la voy a comer entera. - Es toda tuya, pero prefiero un 69. Asi te daré gusto también a ti - Túmbate en el sofá Me tumbé, y mi verga quedó tiesa mirando al techo... Luisa se tumbó sobre mi, agarrándola con las manos y besando el capullo, mientras su cuquita quedaba a la altura de mi boca. De repente noté como se la metía hasta donde podía en la boca, y la chupaba como si fuese una chupeta. Noté un placer inmenso, pero no me quería correr aún, y me concentre en lo que ella me ofrecía. Volví a chuparle la cuquita a conciencia, y con un dedo mojado en saliva y en sus jugos, empecé a dilatar la entrada de su culo. Los dos seguimos chupando, gimiendo por el placer que cada uno nos dábamos al otro. Luisa lo chupaba con glotonería, como si fuese una golosina que llevase tiempo sin probar. Le dije que estaba a punto de correrme y entonces paró y me dijo que quería mi leche en su cuquita. Nos levantamos y me llevó de la mano a su habitación. Quitó la colcha, me abrazó, me dio un beso largo mientras se restregaba contra mí. Se separó y me dio un empujón que me tiró sobre la cama boca arriba. - ¡¡Que ganas tengo de tenerte dentro de mi!! - Aquí me tienes, deseando entrar en ti - Voy a cogerte. Voy a cogerte como nunca lo han hecho, como una autentica puta. Estaba caliente a más no poder. Se subió a la cama, se metió mi pene entero en la cuca, y empezó a cabalgarme, tal como acababa de decir. La dejé hacer. Estaba como loca. Pasaba de moverse casi a cámara lenta a galopar como una amazona. Los ojos cerrados, la boca abierta sin parar de gemir, de jadear, de gritar, el pelo y las tetas moviéndose al ritmo de su cabalgada. Me estaba cogiendo de verdad, porque era ella la que decidía qué hacer en cada instante. Cerré los ojos, puse mis manos en sus tetas, y me concentré en alargar ese momento de placer inmenso sin correrme. Notaba el calor de su carne apretando mi verga como si quisiese exprimirla, los toques del capullo contra sus paredes con cada embestida, y los flujos cayendo en mis bolas y mis muslos. Le dije a Luisa que me iba a correr. Jadeando y de forma entrecortada me dijo que lo hiciese, que quería mi leche, que ella ya se había corrido dos veces. Y me corrí. Me corrí como nunca antes lo había hecho, con un placer mil veces superior a las anteriores corridas que me había regalado. Luisa se quedó quieta, se agitó un poco, y dando un grito se dejó caer sobre mi sin fuerzas. Había tenido otro orgasmo a la vez que yo. Nos quedamos los dos quietos sobre la cama, ella encima de mi, recuperando la respiración. Mi verga había quedado flácida después del polvo y Luisa parecía no tener ni un gramo de fuerzas, por lo que estuvimos mucho rato así, abrazados el uno al otro, sin decir nada, dedicándonos suaves caricias en nuestros cuerpos entrelazados. Ese día hasta entonces, Luisa había llevado la iniciativa. Ella me había seducido, había cortado la situación cuando había querido, y me había cogido a su antojo, siendo yo solamente el dueño del cuerpo que ella deseaba para darle placer. Pero esta situación, sin yo saberlo iba a cambiar en unos instantes, porque Luisa tenía otros gustos sexuales que yo desconocía. Después de más de media hora de estar tumbados en la cama acariciándonos y besándonos cariñosamente, empezó a hablar otra vez. - Hacía mucho tiempo que no me corría tantas veces. - Eres increíble, Luisa. - Me gustaría que en la siguiente ocasión llevases tu la iniciativa. Me gustan los hombres dominantes, que me hagan las cosas malas que se les ocurran. Me quedé callado un momento. Como su invitación había sido muy tímida, seguí hablando como si nada. - La siguiente ocasión puede ser ahora mismo. Solamente con pensar en volverlo a hacer ésta ha comenzado a reaccionar. - Es verdad que está volviendo a crecer. ¿Y que vas a hacerle a esta chica mala? Me quedé de piedra, no por lo que había dicho, sino por cómo lo había dicho. Estaba sentada en la cama, con la cabeza agachada, y su voz era suave y sumisa. Parecía de verdad una chica que se hubiese portado mal y esperase un castigo. Solo con escucharla mi verga había recuperado casi la máxima erección. Tenía que responderle, pero no sabía qué. No me imaginaba a mí mismo atándola ni causándole dolor, así que pensé en una postura de sumisión. - Te vas a poner a cuatro patas, como una perra, y voy a coger el culo hasta cansarme. - ¡¡¡No, el culo no!!! Aun me arde, de lo ayer y de esta mañana, y con esa tranca que tienes me lo vas a terminar de destrozar. Eso es lo que salió de su boca, pero sus ojos me decían otra cosa. Me estaba mirando con cara de niña traviesa, los ojos iluminados con la ilusión de quien espera un nuevo juguete. Me había propuesto un juego y le gustaba ver que yo había empezado a jugar, así que ya no dí marcha atrás. - Luisa, te has aprovechado de un niño inocente, y eso está muy mal. Mereces un castigo y vas a ofrecerme ese culo que dudo que te duela como dices. - ¡¡¡¡ nooooooooooo!!!! Te prometo que si me duele aun. Pídeme otra cosa, por favor. - ¿Dónde tienes vaselina? - ..... - ¿DÓNDE TIENES VASELINA? - ¡¡¡¡Nooooooo!!!! Te haré lo que quieras, lo que me pidas, seré la mujer más puta con la que nunca vas a estar. Pero el culo no, el culo no.... ¡¡¡¡por favor!!!! - Mira zorra, tienes dos opciones: o me dices donde está la vaselina o te la meto así, a pelo, y te aseguro que te va a doler..... - Está en el armario del baño, en el primer estante de la puerta de la izquierda. - Cuando vuelva quiero que estés sobre la cama, como una perra en celo y el culo en pompa para mí. Lo había conseguido. Su cara no dejaba dudas sobre la excitación que le producía la idea de que la cogiera por detrás. Ahora tenía un macho que la dominaba como a ella le gustaba. Fui al baño, cogí la vaselina, y cuando volvi estaba preparada, como le había dicho, moviendo su culito con movimientos provocadores. - Dale suavecito, recuerda que aun me duele y me arde... No me hagas mucho daaaaaaaño. A partir de ahora prometo ser mucho mas buena. - No me provoques. Vas a recibir lo que te mereces. Me acerque y le dí una buena palmada en el culo. Luisa protestó un poco, pegó la cara al colchón y con las rodillas dobladas dejó solamente el culo levantado a mi disposición. La cogí por las caderas, y empecé a besarle y morderle en las nalgas. Las separé, y pude ver su ano, el objeto de mis deseos. Le besé alrededor, y le dí suaves toques con la lengua. Cuando estaba lleno de saliva, lo acaricié con mi dedo índice, y lentamente le introduje la punta. Luisa gimió y se estremeció, pero no dejó de mover provocativamente su culito. Destapé el tarro de la vaselina, y puse un poco en su ano, extendiéndolo con el dedo. Volví a meterlo, y abriéndome camino poco a poco lo introduje del todo. Saqué el dedo y le puse más vaselina. Volví a meter la punta del dedo, pero antes de introducirlo, metí un segundo dedo. Luisa se quejó un momento y dejé de empujar. Cuando se calló, como seguía moviéndose, fui poco a poco metiendo los dos dedos a la vez. Luisa alternaba los quejidos de dolor con, gemidos de placer, hasta que tuve los dos dedos dentro. Comencé a moverlos dentro, con ligeros movimientos de entrada y salida. Su ano estaba más dilatado, y cada vez los dedos se movían mejor. Luisa ya no se quejaba, y solo gemía de gusto cuando metía y sacaba mis dedos. Repetí la operación con un tercer dedo, y Luisa empezó a animarme a seguir, diciendo que le gustaba mucho, me decía que le diera mas.... Consideré que había llegado el momento. Embadurné toda mi verga con vaselina y puse el capullo en su ano, que con el trabajo de mis dedos estaba mucho más dilatado. Empecé a empujar. Luisa lanzó un grito que no sabía si era de placer o de dolor, ella apretaba fuertemente mi verga con su culo.... Seguí empujando con pequeños movimientos, consiguiendo que cada vez entrase un poquito más. Cada uno de mis empujones se acompañaba por un grito sordo de Luisa, que había apoyado la cara contra el colchón y tenía el cuerpo arqueado y tenso... Cuando le había metido toda mi verga, Luisa se relajó y empezó a mover el culo otra vez, con gemidos que ahora sí eran de gusto. Yo me dediqué a disfrutar un momento con el contacto de las paredes de su culo contra mi pene, y empecé a salir y a empujar de nuevo. El grito fue desgarrador: - ¡¡¡¡ AHHHAHHHAHHHHH!!! ¡¡¡¡Sigue, anndaaa..!!!! ¡¡¡¡ME CORROOOOO!!!! Estaba llorando de placer, cayó rendida con ese descomunal orgasmo y no se movía más... Se lo saqué.... Pero yo lo tenía duro aun y necesitaba correrme, así que inmediatamente se la metí de golpe y hasta el fondo en su cuca, que estaba húmeda y lubricada con los caldos que había soltado mientras la cogia por el culo. Luisa volvió a gritar y a tensar su cuerpo, pero inmediatamente lanzó un gemido de inmenso placer. Por primera vez me dí cuenta que en mi posición yo estaba frente al espejo de la habitación. Me veía reflejado con mis rodillas apoyadas en la cama y el cuerpo recto, mientras que podía ver el pelo de Luisa, que seguía con la cara apoyada contra el colchón, y su espalda ascendiendo hasta el culo en pompa. Le dije que se pusiese a cuatro patas. Quería verla en el espejo mientras la cogia. Luisa me obedeció sin decir nada. Comencé a metérselo y sacarlo lentamente, y Luisa también empezó a moverse. Se notaba que esto le gustaba. Le vi la cara, con los ojos cerrados y la lengua relamiéndose los labios de gusto. El pelo le caía desordenado por la cara, siguiendo el ritmo de mis movimientos. Pero lo que más me excitó fueron sus tetas. Caían por su peso y parecían más grandes que cuando estaba de pié. Se movían siguiendo un movimiento anárquico, distinto del ritmo de la cogida, como dos cencerros al cuello de un caballo desbocado. Luisa parecía haberse olvidado del dolor anterior y estaba disfrutando de lo lindo. Gemía cada vez con más fuerza, y se tensó y gritó, de gusto. Eso significaba que se estaba corriendo, ya había aprendido a reconocer sus corridas. Yo estaba sintiendo cada vez un placer mayor y me dejé ir. Cuando ya no podía más, se la clavé hasta el fondo, dejé de moverme y me corrí por segunda vez dentro de su cuca. Nos volvimos a derrumbar los dos sobre la cama y estuvimos un rato en silencio. De repente me volvió a hablar: - Me has hecho muy feliz. Me encanta todo lo que me haces y te dejas hacer. - ¿En realidad te gusto tanto asi? - Si, cariño, me has dado mucho placer. - Bien, pues ahora nos toca recuperar fuerzas. Porque supongo que seguirá en pie la invitación a comer.... - Vamos a asearnos y luego a la cocina... Había preparado una comida deliciosa. Una ensaladilla rusa y una carne con salsa que solo tuvo que calentar en el microondas. Comimos en la mesa de la cocina, yo completamente desnudo y ella solo con las medias rojas que no se había quitado aun. Me sirvió la comida, interesándose en todo momento por mis preferencias. Por lo visto, ella quería seguir adoptando un papel de sumisa, y para dirigirse a mi me llamaba cariño, cielo, guapo, amor, príncipe, rey.... Siempre dejando claro que seguía esperando mis órdenes. Al terminar la comida, me dijo que no tenía nada preparado, para el postre. De repente tuve una idea. - ¿Tienes nata en spray o caramelo líquido? - Las dos cosas, mi amor - Pues tu vas a ser mi postre. Quita la mesa, saca la nata y el caramelo, quítate las medias y túmbate en la mesa. Así lo hizo, y yo comencé a decorar mi pastel. Cubrí de nata sus labios, sus pezones y su cuca, y dibujé un hilo de caramelo líquido desde el cuello hasta el ombligo y a lo largo de las piernas. Me comí el postre que me había preparado. Empecé por las piernas, chupando el hilo de caramelo que había dibujado, pasando de una a otra hasta llegar a sus muslos. Después me comí la nata de su boca, dándole un beso profundo con lengua, al que ella respondió. Bajé a su cuello, chupando el caramelo que se perdía por el canalillo de sus tetas, y en ellas me paré para comerme la nata de los pezones, que chupé hasta dejar duros apuntando hacia el techo, mientras Luisa comenzó a gemir y a moverse. Continué siguiendo el hilo del caramelo por su vientre, y me bebí el que se había quedado en su ombligo. Ahora solo me quedaba su cuquita, cubierto de nata, y a ella me dediqué, saboreando cada porción que retiraba con mi lengua, hasta dejarlo a la vista. Sus jugos se habían mezclado con los últimos restos de nata, y le limpié a conciencia hasta conseguir que se volviese a correr una vez más. Le dije que ahora era su turno. Se quitó de la mesa y me preguntó sumisa mi me quería tumbar. Lo hice, y ella recubrió mis pezones con nata y dibujó una línea hasta mi pene, que seguía sin recuperar las fuerzas en su totalidad de los dos polvos anteriores. Comenzó a degustar su obra culinaria, chupando lo que había cubierto con la nata. El problema es que mi verga n, y pese a que le dedicó una buena mamada después de dejarla al descubierto de nata, siguió en su mamada, dándome bastante placer, sobre todo por el morbo que tenía la situación, estuvimos así largo rato, pero como te dije antes, por los polvos anteriores mi verga aun no recobraba las fuerzas del todo. Me propuso ir a ducharnos y después una siesta para descansar. Aunque nos duchamos juntos, no ocurrió nada más. Y así, después de secarnos, nos tumbamos en la cama, completamente desnudos y abrazados el uno al otro. Luisa se quedó dormida abrazada a mí, y yo no tardé mucho en hacer lo mismo acariciándole. Nos despertó el teléfono. Mientras Luisa lo cogía, vi que habíamos dormido 1 hora, y eran casi las 6:30. Era Diego. Por la conversación deduje que preguntaba por mi, Luisa le dijo que había salido a la playa y que en toda la tarde no me había visto, el le indico que acababa de terminar, pero que se encontraba algo lejos y que iniciaba su viaje de vuelta, así que le quedaban 2 horas para llegar a casa, le pidió que me dijera eso si me veía. Eso me tranquilizó, porque no había peligro de que nos pillase. Luisa se despidió de él, quedando para la cena. - Aun nos queda un tiempito solos... ¿Tienes algo en mente que quieras que hagamos? - Siiii, quiero tenerte de nuevo dentro de mi, no me canso de sentirte....- ¿Y a ti aun te quedan ganas? - Ya versa.... - ¿Qué haces....? La había obligado a tumbarse. Le había separado las piernas y apoyé las rodillas entre sus muslos. Le sujeté sus manos con las mías y extendiéndole los brazos me incliné para besarle en la boca. La tenía debajo de mí, indefensa, a merced de lo que quisiera hacerle. Luisa respondió a mi beso, y aproveché para restregar mi polla, que estaba poniéndose dura otra vez, contra su cuca. Así estuve un rato, hasta notar que su cuca empezaba a humedecerse, y ella levantaba el culo buscando también el contacto de mi miembro. Le había vuelto a calentar, y pedía guerra otra vez. Dejé de besarle, y coloqué el capullo en la entrada de su cuquita. Empujé un poco y se lo metí. Luisa gimió y me pidió más. Estaba caliente y perfectamente lubricada, así que no me costó metérselo entero. Me quedé quieto un momento, con la verga clavada hasta las bolas, y me dediqué a chuparle y morderle las tetas. Luisa rodeó mi cuerpo con sus piernas y comenzó a moverse, pidiéndome que le diese más. Comencé una maniobra de mete-saca cada vez más rápida. Le solté las manos para apoyarme mejor en el colchón, y ella puso sus manos en mi espalda. Gemía de gusto, animándome a seguir, manteniéndome pegado a ella con sus piernas y brazos. Tras un rato de seguir así, se le escapó un grito, echó la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, apretó sus pies contra mis riñones obligándome a clavarla hasta el fondo, y noté la fuerza de sus uñas deslizándose por mi espalda. Yo también me corrí en ese momento, jadeando, notando como mi leche se extendía por su interior. Una vez mas nos volvimos a quedar los dos sobre la cama abrazados. - Tengo la cuca descocida de tanto tirar..... - A mi también me duela la verga de tanto cogerte. - Debemos levantarnos, para arreglarnos, además debo preparar la cena.. - Pero antes cambia las sabanas y duchémonos, porque estamos los dos embarrados de tus caldos y mi leche. - Déjame que te limpie a ti.... Se separó de mí y me hizo poner boca arriba. Metió mi pene flácido en su boca, y la chupó hasta limpiármela. Después hizo lo mismo con las bolas, y cuando acabó me lamió los muslos con la lengua. Si no fuese por el sudor, no hubiese necesitado ducharme, porque me había dejado completamente limpio. Aunque ya me había corrido tres veces desde que llegué, y me dolían las bolas y el pene, Luisa chupaba tan bien que mi pene volvió a reaccionar. Estaba morcillon, porque no tenía fuerzas para más, y me dolía mucho mientras aumentaba de tamaño, pero a Luisa pareció gustarle y siguió chupándolo primero y a restregarme sus tetas después. - No sigas, Luisa. Me duele. - ¿No te da gusto? Se te está poniendo dura. - Es una mezcla de dolor y placer - Quiero beberme tu leche. Hasta ahora solo me la has echado dentro. - No se si me quedará algo. Me has ordeñado bien..... - Tu déjame.... Le dejé. Cerré los ojos y me dediqué a disfrutar de su boca y sus tetas alternativamente contra mi miembro. Cada vez me dolía más, pero también cada vez notaba más placer, hasta que no pude aguantar más y me corrí en su boca. Luisa bebió la poca leche que me salió con glotonería, me volvió la limpiar con su boca... Nos quedamos un buen rato charlando, hablando del placer que nos habíamos dado.... Esa noche, después de cenar, aunque estaba muy cansado y agotado me quede platicando con Diego, nos tomamos algunas cervezas y recordamos viejos tiempos al igual que compartimos una que otra anécdota vivida... Luisa se fue a dormir temprano, imagino que estaba tan cansada como yo... Quieres que te cuente mas???... dime... te gusta que te cuente estas cosas??... que sientes mientras lees??... Aun me queda 1 día aquí con mi Luisa... (msm_caliente@hotmail.com)
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