| Aquella tarde |
Relato por Anonimo |
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| domingo, 20 mayo 2007 | |||
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Aquella tarde. Aquella tarde no fue como otra más en el calendario. Afuera corría una brisa distinta y el sol parecía no querer ponerse en un atardecer infinito. Yo me encontraba, como ya era común por estas fechas, sentado largas horas en el escritorio, preparando los exámenes de junio... pero algo había cambiado respecto a los años anteriores; esta vez desde mi ventana tenía una visión mucho mejor que años atrás, cuando sólo veía una triste valla publicitaria. A veces echaba de menos el encender y apagar cansino del letrero... "Beba Schweppes".. con aquél zumbido que al cabo de un tiempo dejabas de oír... pero bueno esa es otra historia. La vista que tenía ahora era más sugerente que un simple letrero de luces. Ella se había mudado hacía unos meses... algo antes que yo. Es rubia, con el pelo rizado y con unos ojos verdosos que con el sol parecen azules. De complexión delgada no estaba falta de nada. Sus pechos eran del tamaño perfecto, acordes con su estilizada figura y su culito me tenía hipnotizado desde la primera vez que me la encontré en el ascensor. - hola, me llamo Martín, vivo en el 7. Me acabo de mudar :) - mmm hola :| Esa vez no tuve, que digamos, una gran entrada, pero tampoco me preocupaba en aquel momento. Pasó el tiempo y me cruzaba con ella en la escalera, en el ascensor.. alguna vez le abrí el portal cortésmente invitándola a pasar, pero poco más. Por su buzón descubrí que se llamaba Carol, y por su acento sabía que de muy cerca no era... de hecho parecía más bien inglesa, y estudiante, probablemente de Erasmus. Su piso era un constante ir y venir de gente, pero sobre todo de muchos chicos. Nunca estaba sola, y eso era para mi lo más normal del mundo porque pese a ser una chica que no iba llamando la atención tenía un atractivo que dudo que dejara a nadie indiferente. Bien, aquella tarde, como he dicho, estaba en mi escritorio, liado entre mil papeles... intentando buscar un sentido a todo aquello que tenía delante y entonces por un momento alcé la vista y allí estaba. Tenía la ventana cerrada y la cortina pasada, pero dada la luz y que la cortina no era excesivamente tupida se podía ver perfectamente el interior de su habitación. Se estaba masturbando. Tenía sus piernas abiertas y miraba su ordenador. Supuse que estaría viendo algo de porno y verla en esa situación me puso increíblemente caliente. La escena duro un buen rato. No puedo decir cuánto pues no me paré a mirar el reloj pero sí puedo decir que no acabó ahí. Me armé de valor y más bien si pensarlo mucho me fui hacia su puerta. Aún no había pensado qué decir y ya estaba en el rellano tocando su timbre. Tardó en abrir (evidentemente) y cuando la vi no pude evitar soltarle un "vaya...estás preciosa" :S Llevaba una mini-falda vaquera y una camiseta que decía "Ramones" el pelo recogido con un moño rápido y estaba algo jadeante aún. No me respondió al piropo. Al cabo de un rato de mirarla embobado me dijo: - ¿Querías algo? - mmm si. Había pensado que... bueno, tal vez me podrías invitar a un café, ¿sabes? así podemos hablar y conocernos un poco... somos vecinos desde hace meses y ni siquiera sé tu nombre... - Carol. - mm bueno, sí. Tu nombre,mmm bueno, lo vi en el buzón :S Me estaba poniendo un pelín tenso. No podía decirle "quisiera entrar y ayudarte con lo que andabas haciendo antes..." - Bueno, eso, mmm que estaba estudiando y me he quedado sin café y ya sabes que es como la gasolina de nosotros los estudiantes ¿no? jeje... - De acuerdo, pasa. Evidentemente, estaba sola. El piso era más grande que el mío y no estaba excesivamente ordenado. Había una especie de colección de botellines de múltiples marcas de cerveza por todas partes, fruto seguro de las fiestas que se montaban allí a menudo. - Por cierto, mm me llamo Martín... - Lo sé - dijo ya desde su cocina. Me senté en la mesa del salón mientras la escuchaba trajinar con platos y cacharros en la cocina. Al cabo de un momento apareció con el café y con unas galletas. - Aquí tienes... - Gracias :) Tomamos el café y no paré de hablar, como es costumbre en mi cuando estoy nervioso, pero ella parecía, contra pronóstico, atenta. No tuve valor de decirle nada acerca de lo que había visto y a la media hora estaba en mi piso, de vuelta para seguir estudiando. Como es natural, no pude volver a concentrarme después de lo que había visto... pero como dije, la cosa o acabó ahí. De nuevo Carol volvió a su habitación y esta vez se tumbó en la cama y empezó a acariciarse. De pronto se levantó. Me había descubierto. Tampoco es que me ocultara demasiado porque o miraba o me escondía y traté de hacerme el despistado, pero la cosa cambió cuando me hizo gestos con la mano, como diciéndome que fuera para su piso. Sin estar muy seguro de lo que hacía y pensando frases de disculpa fui para allá y toqué el timbre. Tardaba en abrir la puerta pero no volví a tocar para no ser pesado... entonces abrió. Llevaba solo puestas las braguitas y la camiseta sin sujetador, pues sus pezones se marcaban claramente en la tela. Me cogió por el cuello y me metió en su piso y contra la puerta me besó, metiendo su lengua en mi boca apasionadamente. Sin mediar palabra me soltó el cinturón y luego el botón de los vaqueros, bajó la cremallera y se puso de rodillas. Antes de darme cuenta me estaba chupando la polla de una forma que me hacía estremecer a cada lametazo. Siguió y siguió... y tanto fue que al momento y tras el calentón de la tarde acabé por correrme en su boca. Se tragó gran parte de mi semen y el resto lo tenía por la cara y colgando en su barbilla. Entonces habló. - ¿Contento? - mmm tú verás... - dije aún sin creerme lo que había pasado. Me cogió de la polla, aún temblorosa de la reciente corrida y me llevó hasta su habitación. Allí me dejó tumbado en su cama por un momento. Al volver traía puesta un conjunto negro de encaje tan sexy que pese al poco tiempo transcurrido despertó a mi polla y la dejó preparada para más guerra. Yo estaba tal cual me había dejado, con el pantalón medio bajado y la polla colgando, y cada vez se ponía más dura. Me despojó de lo que me quedaba de ropa y se sentó sobre mi. Empezó a moverse lentamente, restregando su rajita contra mi polla. Podía notar la humedad de su coño a través de la fina tela de encaje de su braguita. Me besó de nuevo y entonces se recostó a mi lado haciéndome ver hacia dónde quería que fuera. - ¿quieres que...? - Sí. Entonces, comencé a lamerle su ombliguito y a pasear por su tripa mientras mi mano, aún temblorosa buscaba más abajo lo que ella me había señalado justo un segundo antes. El tacto de su rajita era suave, húmedo y caliente. Mis dedos paseaban desde su clítoris hasta la entrada de su vagina, deteniéndose en el primero y atacando la segunda. Sus manos me empujaban hacia abajo insisitentemente y así mi boca acabó saboreando toda aquella mezcla de olores y gustos que emanaban desde lo más profundo de su ser. Con mi lengua me detuve, como ya hiciera antes con mis dedos, en su clítoris. Hacía círculos, lamiéndolo suavemente y ella se estremecía a cada ida y venida. A la vez tenía un dedo en su vagina, imitando una mini-penetración con un pene diminuto ;) y de repente, sin previo aviso me encontré con la cara llena de un líquido semi-transparente.. se había corrido! no había sido algo en plan squirt woman pero nunca había visto algo parecido. Tras el susto por lo ocurrido me cogió, esta vez con rabia y me tiró de espaldas sobre aquella cama por la que tantos tíos habrían pasado y se colocó sobre mi. No acierto a recordar en qué instante se quedó sin sus braguitas de encaje pero sí que tan pronto como estaba dentro de ella comenzó a cabalgarme como nunca nadie me lo había hecho. Gritaba a cada embestida y se movía en todas direcciones. Yo por mi parte sentía mi polla avanzar por entre los cientos de pliegues del interior de su rajita. Sus gritos eran desgarradores... supongo que el vecindario quedaría absorto en semejante espectáculo sonoro pero en ese momento no importaba. La bandera inglesa que tenía tapando la lámpara de su cuarto, nuestra soledad y el sonido de nuestros cuerpos chocando violentamente eran el ambiente perfecto. Digamos que en ese instante podía haber acabado el mundo y no nos hubiéramos dado cuenta. Poco a poco aumentó su ritmo y se corrió de nuevo. Se colocó con su culito en pompa y desde atrás la follé como a una perrita. El recorrido de mi polla en su raja era infinito y eso me llevó a correrme en poco tiempo. Cuando le susurré en su nuca un leve "me voy, Carol" ella se salió y de nuevo me cogió la polla y con su boca terminó lo que nos traíamos entre manos. Tras mi descarga estuvo unos minutos jugando con su lengua. Recorría el glande con la punta de su lengua mientras me hacía una paja lentamente. Yo, ya con la polla morada del reventón me estremecía cada vez que su sentía que ella se acercaba. Así quedamos un rato hasta que yo, casi inconsciente la sentí a mi lado y me susurró al oído: - ¿te apetece otro café?
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