| fui la puta del fin de semana |
Relato por Anonima |
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| viernes, 13 abril 2007 | |||
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Llegamos a la quinta un sábado de enero por la mañana. Era una quinta como las de antes, con un inmenso terreno circundante lleno de arboles y con el chalet en el centro. En un costado la pileta y el quincho. Juan, el dueño de casa, nos contó que era una casa familiar y que era usada cada fin de semana por sus padres o por su tía y sus dos primas. Como la casa tenía varios cuartos cada uno eligió el suyo. A mi me tocó el cuarto de las chicas y al acomodar mis cosas me encontré con un ropero lleno de ropa de las primas de mi amigo. Despues de almorzar, nos reunimos a estudiar historia clásica, que era un embole atómico, así que duramos unas horas hasta que entre vasos de vino blanco y algo de porro nos empezamos a reir de cualquier cosa, con esa risa que te sale cuando estas tentado y no podés parar. Me sentía medio mareado y me fui al cuarto. Cerré con llave y no pude evitar convertírme en Gabriela. Estaba fascinada, todo me quedaba bien y tenía un espejo grande para mirarme. Depilada y enfundada en medias con ligas y una tanga que me acariciaba, mi cuerpo no ocultaba una dosis de hormonas que me habían redondeado una cola preciosa y paradita. Me puse una peluca regra con rulos que me caían en los hombros, una minifalda acampanada y una blusa de lycra sobre un corpiño que llené con dos globitos inflados con agua. Me veía divina y sexy, pero ¿y si era sólo mi ilusión? Estaba a metros de saberlo, en la otra habitación había tres hombres. La bebida y la droga aumentaban mi excitación. Cuando la idea de salir entro en mi mente, el miedo me paralizó. Pensé que todo salía mejor que lo que planeado, mi imagen era espléndida, como aquellas travestis que veía frecuentemente cuando curioseaba en la zona roja. Me decidí y salí. Me recibió un silencio fatal, el momento en el que empezaron a digerir que su amigo, o sea yo, estaba vestido de puta frente a ellos. Intenté explicar algo, abri la boca, les conté mi historia a grandes rasgos, y les pedí que me aceptaran tal cual era. Todos me escuchaban en silencio. Cuando terminé Juan me preguntó si era virgen y yo le mentí que no. Quería aparentar experiencia y tapar el pánico y la verguenza que sentía por estar ahí, por haberme animado. Comencé a sentir, tras el silencio del impacto inicial, que me miraban. De reojo alguno, ostensible otro, yo me portaba lo más sexy que podía. Pusieron música mientras charlabamos como si nada, aunque ya nada era como antes. Me levanté a servirme una copa y sentí las miradas clavadas en mi cola, así que la moví lo más sensualmente que me salió. Cuando volví habían empezado a bailar Enrique y José entre ellos y Juan me observaba sin pudor. Estaba caliente y podía notarlo en su mirada. Me sentí poderosa. En eso me tienden una mano para bailar. Estaba excitada y algo mareada así que me solté y baile para ellos, para calentarlos, para sentir que me deseaban y fantaseaban peleando su prejuicio con su deseo. De repente, sin darme cuenta, estabamos en penumbras escuchando unos temas de Alejandro Sanz cuando José me agarró de la cintura y bailamos los cuerpos pegados. Sentí que me frotaba una carne caliente por el vientre. Enrique se había acercado de atrás y me besaba el cuello mientras bajaba sus manos hasta mi cadera y se pegaba a mi trasero por debajo de la falda. José me besó largamente con su lengua mientras me acariciaba las tetas. Estaba en una nube. Un impulso me llevó a la bragueta de José, le baje el cierre y saque su pija parada y la empecé a chupar. En eso siento que me corren la bombacha y arremeten contra mi culo. Un dolor atroz me carcomió las entrañas y salté instintivamente hacia adelante soltando la verga de José. Despues de varios intentos vanos por parte de los dos, estabamos exhaustos y calientes. Juan, que había permanecido ajeno, se levantó y me abrazó. Me empezó a tocar suavemente, por debajo de la pollera que ya tenía arrugada en la mitad del culo. Su dedo me conmovió. Cuando me dió vuelta y me cogió, me entregue mansamente mientras entraba y salia de mi culo, hasta que me acabó con un chorro caliente en las entrañas. La verguenza me acompaña todavía y, aunque no volví a estudiar con ellos, cuando me cruzan en los pasillos me vuelven a mirar como aquella primera vez.
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se me paro la verga de seguro yo t la hubiera follado tambien si estuviera ahi pero si quieres puedo follarte todavia