hermana mayor
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Relato por Anonimo

  
martes, 13 diciembre 2005
Mi hermana es siete años mayor que yo, pero aun así tiene bastante menos estatura que yo. Es una bella mujer de tez morena. Este color de piel destaca de una manera muy elegante sus facciones; es menudita, no está muy bien dotada de pechos, pero los que tiene le van muy bien.

Mi hermana es siete años mayor que yo, pero aun así tiene bastante menos estatura que yo. Es una bella mujer de tez morena. Este color de piel destaca de una manera muy elegante sus facciones; es menudita, no está muy bien dotada de pechos, pero los que tiene le van muy bien. Sus senos son copa B, mas el tamaño en ella no importa porque los tienen muy bien formados. Tiene un culito hermoso que cuando yo me empezaba a desarrollar veía cada vez que podía. Antes se vestía muy sexy con unas falditas que dejaban ver sus calzoncitos blancos cada vez que se agachaba. En fin, es una mujer muy sexy. Bueno, la historia que les voy a contar sucedió hace poco cuando le ayudé a mi hermana a cambiarse de casa. Además de ayudarla a transportar cajas, le ayudé a colocar sus muebles; lo bueno es que no eran muchos. Ese día, ella llevaba unos pants que desde atrás hacían que se marcara espléndidamente su redondo culito. Cada vez que podía, y gracias en gran parte a que las cajas de la mudanza dejaban estrechos pasillos, rozaba mi pene contra su colita, lo que hacía que se pusiera muy duro. En una de esas ocasiones las pude hasta tocar con la mano, apretando un poco una de ellas; lo cual no le causó mucha gracia pues me volteó a ver feo. Le pedí perdón y le dije que había sido sin querer, respondiéndome ella, con una sonrisa. Ya casi terminamos de colocar su cama cuando se paró de improvisto, desmayándose acto seguido. Yo me espanté al principio y me acerque para reanimarla, pero sin querer, ahora sí, toque una de sus tetitas y debido a que traía una delgada blusa blanca sin mangas pude sentirla como jamás hubiera imaginado. Lo que no sabía es que me esperaba más. La sensación me agradó de una manera increíble; mi verga, de buenas a primeras, estaba que quería reventar, pero yo sabía que no debía de sentir eso. Callando esa molesta voz interna continúe “reanimándola”. Primero la acosté bien sobre el suelo, y me senté a su lado. Toqué todo su cuerpo; comprimía sus lindos senos y manoseaba sus nalguitas. Luego, metí mi mano entre sus calzones y tocando su conchita empecé a dedearla. Por mi mente pasó bajarle los pants y follármela, pero imaginé que de eso sí se daría cuenta. En seguida me senté sobre ella, teniendo cuidado de no hacer mucha presión y con un poco de nervios aún, la besé tiernamente mientras rozaba su teta para después cubrirla con toda mi mano. Era pequeña, como ya dije, pero por primera vez en mi vida sentía que mi hermana los tenía muy duros. Poco a poco comencé a sentir sobre la su blusa como su pezón iba poniéndose duro, al ritmo de su corazón. Era una sensación increíble que no podía dejar de experimentar y que por supuesto, debía de vivir más a fondo. Extrañamente todo el miedo se había ido. Con cuidado levanté lo más que pude la blusa y desabroché el brasiere que cubría a esas hermosas tetas que tenían que ser mías. Ya estando descubiertas, llevé mi boca hasta el pezón que había estado acariciando. Empecé oliéndolo y mordiéndolo, para después lamerlo y succionarlo. Estaba muy excitado, así es que pasó por mi mente abrir mi bragueta y sacar mi enorme pene para frotárselo por su tetita, pero mejor aun, saque mi miembro y lo puse frente a su boca en donde no pude meterlo, pero sí humedecer sus labios con mis líquidos. Para mi mala suerte, creo que le gustan los penes porque esa acción la reanimó de inmediato y no pude quitarme para que no se diera cuenta de mi felonía. Aun así, abrió los ojos, no dijo nada y se reincorporó. Yo estaba que me llevaba la chingada. Ya sentada volteó a verse la blusa y al verse en aquellas condiciones me miró fijamente. Yo tontamente intenté tomar la iniciativa y dije —te desmayaste y sin querer…—. Me interrumpió medio gritando —¿y sin querer también se te salió la verga, péndejo? No supe que decir, nos quedamos callados unos momentos. Era muy incomoda la situación. Me miro y exclamó — ¿qué ímbecil?—. Me acerqué a ella y le pedí perdón. Inevitablemente su instinto de hermana mayor emergió y repitió que era un péndejo para abrazarme después. Ese día nos despedimos. Después de una semana de ocurrido aquel bochornoso incidente, aún me preguntaba porque había sido tan comprensiva, así es que para averiguarlo decidí ir a saludarla ese día. Llegué a su casa cuando yo calculaba que ya había llegado de su trabajo. Toqué a la puerta y me abrió de no muy buena gana, pasé y para mi fortuna estaba sola. Llevaba su ropa del trabajo, unos zapatos bajos de color crema con un vestido azul floreado que le quedaba de maravilla. Era un vestido que le llegaba a la rodilla y que a manera de bata tenía un cordel que se amarraba por delante para impedir que se abrieran las dos hojas del vestido y mi hermanita mostrara sus encantos. Me encantaba la tela de ese vestido y desde que lo tiene había imaginado lo excitante que sería quitárselo. Me invitó a sentarme, qué le quedaba, y me ofreció un café, aceptándolo con agrado. Fue a la cocina y regresó con una charola donde traía mi café y el suyo, además de unas ricas galletitas. Le di un trago y degusté su sabor. Me dijo que era más amargo que de costumbre porque era importado, a lo que asentí. Platicamos por espacio de media hora sin oportunidad para sacar a tema nuestra singular experiencia. Después, el café hizo su efecto y decidí ir al baño. Cuando me paré me dijo que no le cerrara a la puerta del baño porque no funcionaba bien la chapa y me quedaría encerrado de hacerlo. Entre al baño y me senté a cagar aprovechando el viaje, terminé y me limpié; extrañamente comencé a sentir un poco de estupor y caí al suelo sin poder hacer mucho. Sentí que había pasado mucho tiempo cuando desperté. Abrí los ojos y vi un techo blanco, no sabía donde estaba, pero al ir recobrando la conciencia, me sentí desnudo y que me la estaban mamando. Muy extrañado volteé para saber que era lo que pasaba. Me quedé anonadado al ver que mi hermanita era la estaba comiéndose mi pito con destreza, tanta que casi de inmediato hizo que me viniera en su boca. Ella succionaba mi leche con tal poder que me hacia jadear sin poderlo evitar. Terminó, me volteo a ver y abriendo la boca, vi como se tragaba mis mecos. Me incorporé y le sonreí, a lo que ella respondió dándome un besito en el glande. — ¿Qué se siente?— preguntó. — Muy rico. — Ya ves lo que sentí el otro día. — Pues no está mal, ¿no? — Nada mal, pero te espantaste y te dejaste pendejear. Me senté, le dije que se acercara y nos besamos mientras le tocaba los senos a través del vestido. Me tomó de la mano y me detuvo. — ¿Qué tal te gustan? — Mucho. ¿Te los puedo mamar? — Claro, son tuyos, sólo espera. — Sí, la noche es larga. — Esperaba que propusieras eso. ¿Sabias que tienes el pene enorme? — No, pero ahora lo sé. ¿Te gustó? — Sí, en especial tu leche. — La mamas muy rico. — Gracias, cuando quieras te la mamo. Le volví a tocar las tetas, pero ahora con las dos manos mientras que ella se sentaba en mis piernas y me besaba. De vez en cuando bajaba sus manos para acariciarme el pene. Nos besamos y no olvidamos acariciarnos, pero nos detuvimos cuando el teléfono sonó. Me dijo que esperara y regresó con el teléfono. Era nuestra madre. No fue difícil disimular. Le dije que me quedaría a dormir y colgué. Es lo bueno, jamás se negarían a que te quedaras a dormir en casa de tu linda hermanita. Después de colgar continuamos. Estando parados la abracé y la besé; me alejé un poco y desanudé su cordón separando las aberturas de su vestido. Bajo él, un juego de sostén y bragas azules que contrastaban perfectamente con su piel hacían que me excitara más y más. Desabroché su bra dejando al descubierto sus hermosos meloncitos morenos, eran perfectos: redondos y firmes. Me acerque a ellos para oler su fragancia otra vez. Toda mi vida había soñado con esto y por fin se hacia realidad. Me tomó de la cabeza jalándome hacia sus gemelas. Las lamí frenéticamente mientras ella gemía de placer y dirigía mi miembro hacia su vagina, pero se detuvo. — ¿Quieres metérmelo? — Sí, ¿y tú quieres? — Sí. Te voy a contar. Cuando me empecé a desarrollar y tú te bañabas conmigo, al lavarte el cuerpo, alguna vez me agaché y te besé el pene. Tu pene se puso duro y se me ocurrió meterlo a mi vagina, fue una gran experiencia sentir tu penecito en mi conchita. Dije que no dijeras nada, pero creo que más bien se te olvidó. — Bueno, pues no será la primera vez y la verdad es que quiero hacerte mía. — Quiero ser tuya, hermanito. Me acerqué y continué besándola. La fui llevando con lentitud hasta la cama, me acosté y ella se acostó sobre mí. Nos besamos profundamente mientras le intentaba bajar los calzones, mas al no poder se los desgarré. Ella dio un alarido de dolor y placer, lo que me excitó mucho. Acariciaba sus nalgas haciendo círculos, luego metí mis dedos entre sus nalgas. Pasé mi mano hacia delante, donde sentí su vulva; con los dedos separé sus labios mayores; ya estaba húmeda. Su clítoris estaba duro y mojado; mis dedos alcanzaron su vagina. Metí mi dedo en ella y ella gritó. Se levantó y se inclinó un poco; con una mano condujo mi pene a su vagina mientras que con la otra se apoyaba sobre la cama y se sentó lentamente sobre mi pene, haciendo que la penetrará. Jamás olvidaré el momento en que sentía como mi glande iba entrando mientras mis manos apretaban sus meloncitos. Los dos dimos un profundo gemido cuando mi pene alcanzó el fondo de su vagina. Ahí fue cuando la noche se volvió excelsa. Mi pene entraba y salía, estábamos como locos cogiendo como nunca. Sudábamos. Besaba su cuello. Ella traía el vestido puesto aún, pero luego se lo quité para sentir su tersa espalda. Nos volteamos, sin parar; yo le besaba las tetitas mientras ella jadeaba y lloraba de placer. Se mordía los labios para no gritar; estábamos apunto del clímax y la veía con ternura mientras le sobaba las tetitas. Sus líquidos salían de su coneja mojando la cama. Jadeábamos a poco de quedarnos roncos hasta que al unísono nos venimos los dos, dejando esa cama como si un niño se hubiera orinado. Nos besamos y lo dejé dentro. Luego me volteé, pero ella me dijo que quería estar arriba, a lo que accedí. Tomó mi pene con sus dos manos y lo metió a su boca. Yo, lamía sus fluidos y sus clítoris. Terminando se paró y se seco el semen que aún salía de su vagina. — ¿Quieres darte un baño?

 — Bueno, pero deja y voy por un pepino.

— ¡No mames, con tu verga es más que suficiente! ¿Me quieres abrirme en dos?

— Te va a gustar, mi amor.

— Bueno, pero también traite la miel.

— Sale. Cuando entre con todos nuestros juguetitos al baño ella no estaba, pero después de un momento abrió la puerta. Venía vestida con un vestido blanco y un ligero del mismo color. Me di cuenta que no traía nada abajo porque se le marcaban los pezones. Se puso de espaldas y se levantó el vestido, contoneando sus nalguitas.

— Estás bien rica hermanita.

— ¿Verdad?

— Como para tomarte fotos y subirlas.

— ¡No mames!

— Bueno, yo decía.

— Mejor no digas y ven. Abrió la llave y nos metimos. Ella se metió con el vestido, que al mojársele se transparentó. La puse de espaldas, le levanté el vestido, tomé el pepino y se lo introduje mientras ella se quejaba del dolor.

— Creo que el problema fue que agarré el más ancho.

 — Ya veo, pequeño, pero está bien; me siento como si fuera virgen otra vez. Lo metía y lo sacaba cuando se me ocurrió meter mi miembro por su ano, ahora que ya estaba erecto y, así, sin avisarle lo introduje de golpe. Empezó a llorar, pero ahora de dolor; intentó zafarse, pero la tomé con fuerza para que no pudiera hacerlo. Estaba llorando mucho y le sangraba, pero tomó el mando del pepino, lo que hizo que yo interpretara que lo estaba disfrutando. Sólo se volteo a decirme que era una animal, pero de ahí no pasó. Después de venirme me dijo que quería que cogiéramos de frente, así es que separó las piernas, la tomé por las caderas y la penetré. Cogimos por una media hora y nos vinimos. Luego, me puso miel en el pene y me lo mamó un ratote más, tragándose mi semen cada vez que me corría. Salimos de la regadera y se fue a acostar, estaba casi muerta. Yo entré después y la vi con las piernas abiertas, así es que me acerqué y me hundí en su vulva. Chupaba y mordía su clítoris, excitándola una vez más. Después de que me mojara la cara, me acosté a su lado listo para dormir, pero me pido que si se podía dormir con mi pene dentro de ella y con agrado decidí darle gusto.

Comentario[s]
mandame foto
Escrito por Invitado el 2007-01-13 01:47:51
mandame una foto de ella wey mi correo es cherriz_91@hotmail.com :grin
Escrito por Invitado el 2007-02-08 04:56:58
UI....ASCO TIO.YO TE MATARIA...LOCOA LOS DOS.CREO QUE TENEIS UNA FAMILIA CON PROBLEMAS MUY GRAVES.CONSULTA UN TERAPEUTO
MAXI DIOS
Escrito por Invitado el 2007-02-11 20:37:37
animal puto 
 
 
como vna a hacer eso  
 
nececitan un ciquiatra :( :( :( :upset
Escrito por Invitado el 2007-04-06 12:27:41
Presentamela, no? :grin
CRYSTOPHER ALIAGA
Escrito por Invitado el 2007-06-09 17:06:10
YO CREO QUE ESTA MAL VAS A SER DESTRUIDO EN EL JUICIO FINAL POR DIOS JEHOVA YA CABRON!!!1!!!11 
TIRATE A TU JERMA NO A TU HERMANA LOCO!
Escrito por Invitado el 2007-06-22 19:06:11
ESTA BIEN QUE CARAJO TENES QUE ROMPERLE EL CULO, SI VOS NO LO HACIAS LO HACIA OTRO NO?
demente
Escrito por Invitado el 2008-04-03 13:36:40
eres un demente pero me gusto tu cuento...esta bien escrito
te felicito muy bueno
Escrito por Invitado el 2008-11-06 22:42:27
un verdadero felicitacion muy buena historia

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