Marta y Victoria
Valoración del Relato: / 16
PeorMejor 

Relato por Marta

  
jueves, 28 julio 2005
Jamás había pasado por mi mente tener una relación con otra chica, y por pura casualidad y sin proponermelo, tuve los mejores orgasmos de mi vida en mi luna de miel y con otra chica que también se acababa de casar

Me llamo Marta y os cuento esta experiencia tan real como que yo estoy aquí ahora mismo porque necesito soltar la tensión que me produce tener ésto guardado en lo más profundo de mi cerebro y que nadie lo sepa excepto ella y yo.

Quiero aclarar que ni soy lesbiana ni siquiera soy bisexual, que no hay nada que me produzca más placer que hacer el amor con un hombre (mi marido en este caso) y que nunca antes ni después he vuelto a tener el más pequeño acercamiento a otra chica, ni siquiera a la protagonista de este relato.

Después de casarnos el invierno pasado, mi marido y yo decidimos hacer un viaje de esos que no vas a volver a repetir en la vida, porque la situación económica no lo permite. Nos decidimos por visitar India, Nepal y acabar en unos días de relajo en las Islas Maldivas, lugar que es inalcanzable partiendo desde España pero que se puede visitar de una manera más barata si ya te encuentras en India, que está muy cerca. El viaje lo hicimos cinco parejas, tres de las cuales eramos recien casados y que por proximidad de edad nos hicimos casi inseparables. Tras visitar durante 14 días la inmensidad y el caos del norte de India y la tranquilidad y el sosiego del budista Nepal, solo otra pareja y nosotros continuamos el viaje hasta Maldivas mientras las otras tres parejas regresaban a España desde Kathmandu. Nuestra llegada al aeropuerto de male fue algo frustrante, porque es un pais más musulman de lo que creíamos y aunque solo dos de las 1400 islas del archipielago están pobladas por nativos, las costumbres islámicas rigen en cualquiera de las islas. En el mismo aeropuerto nos requisaron unas imagenes de algunos dioses hindus, como Shiva y Ganisha, porque está prohibido entrar en el país iconos de otras religiones, con la promesa de que nos los devlverían a la salida (como así fue). Otras de las estrictas prohibiciones es que está terminantemente prohibido tomar el sol en top-less, ni siquiera utilizar minitangas de los que estamos acostumbrados en Occidente, y el traje de baño debía de ser de un tamaño normal, fuera bañador y bikini.

Pasamos los primeros días de la mejor manera que se puede pasar en estas carceles de oro, que es bañandose, tomando el sol y. al llegar la noche, follando como bestias ya que los bungalows te dan una intimidad que no tienes en un hotel. Tomarte una copa por la noche era una proeza, ya que los precios son exageradamente desorbitados, pero era una vez en la vida y había que tirar la casa por la ventana así que todas las noches nos ibamos a la discoteca de la isla y llegamos a hacer migas con un camarero al que le sacamos una botella de whiski, ya que también está prohibido meter alcohol en el país. Un día, el marido de Victoria lió al mío para que le acompañara a hacer submarinismo, ya que él era un experto y el mío había hecho sus pinitos en alguna ocasión. Iban a estar fuera de la isla unas cinco horas, por lo que antes de comer estuvimos los cuatro tomando el sol y cuando ellos se fueron, Vito y yo nos fuimos a su bungalow. Nos duchamos allípara quitarnos el finísimo polvo de coral que se te mete por todas partes y nos sentamos sobre las inmensas camas mientras abríamos la botella de whiski para darnos un buen viaje. Estabamos tan animadas con la charla que en menos de 45 minutos nos habíamos bebido tres copas cada una y estabamos un poco tocadas.Vito me dijo que no se quería quedar con las ganas de ponerse un minusculo tanga que se había comprado antes de salir de España, y delante mío se desnudó por completo, dejando al descubierto sus esculturales tetas, su perfecto culo y su piel notablemente bronceada con unas evidentes marcas del traje de baño. El tanga era escandalosamente pequeño, tapandola el coño lo justo y con una fina tira trasera que se le colaba irremediablemente entre las nalgas.

La verdad es que era todo un monumento verla así; morena, con sus grandes y firmes tetas y sus interminables piernas. Me ofreció ponerme yo otro de los que se había traido y accedí, ya que la chispa que llevabamos me libraba de toda verguenza; me quité mi camiseta y las braguitas de mi bikini y me puse aquel pequeño trozo de tela que apenas me cubría la vagina, y ambas afirmamos que nos quedaban de miedo. Despues de ponernos otro whiski, Vito me dijo que el sol de maldivas pegaba más de lo habitual, ya que se nos notaba la piel demasiado seca, por lo que sacó un bote de aftersun para que nos lo aplicaramos. Ambas nos lo untamos mutuamente donde la otra no llegaba hasta que Vito me propuso que se la etendiera bien por toda la espalda mientras se tumbaba sobre la cama, boca a bajo y totalmente desnuda, lanzando el tanga al respaldo de una silla. Yo me arrodille en la cama sobre su trasero, un poco tímida ya que la situación era comprometida; ella totalmente desnuda, y yo sobre ella solo con unas ínfimas braguitas como unica vestimenta. Me apliqué algo de la crema en mis manos y se la estendí sobre la suave piel de su espalda mientras ella hacía claros gestos del gusto que da esos masajes. Cuando llevaba apenas dos minutos untandola esa crema, noté como sin querer algo que rozaba la tela de mis bragas, y di un pequeño respingo pero sin apartarme, porque no estaba segura de lo que era, pero seguidamente noté sus dedos que se habrían paso a traves de la prenda hasta llegar a tocar los labios de mi concha. Me quedé quieta y ella se giró, ofreciendome sin reparos que nos dieramos un buen revolcón. No podía ni hablar, aunque no me encontraba demasiado molesta porque el alcohol hacía como si esta situación fuera lo más normal. Me dijo que me lo tomara como una travesura, como un rato de pasarnoslo bien, y entonces me di cuenta que ya tenía dos de sus dedos recorriendome por toda mi grieta de arriba a abajo. Cerré los ojos, mordisqueandome un labio y mi coño se empapó de flujo, cosa que Vito tomó como una aceptación y me quitó las bragas dejandome tan desnuda como ella. Había traspasado el umbral y me encontraba entregada a este polvo que no me hubiera imaginado apenas cinco minutos antes. Con su otra mano agarró las mias hasta llevarlas a sus dos grandes melones, yo no sabía como actuar, pero pensé que la mejor manera era hacer lo que me gustaría que me hicieran a mí, y empecé a sobarselas con intensidad mientras ella aumentaba el ritmo de frote en mi vulva. Ambas gemíamos con evidente pasión cuando ella me empujó hacia un lado de la cama, se colocó a mi lado y aplicandose un poco de la crema solar en los dedos, los fue introduciendo poco a poco en mi inundado chocho. Yo no necesitaba crema en mis manos porque estaban impregnadas totalmete, así que busqué el suyo y ambas nos penetramos casi con brutalidad hasta que cuando estaba a punto de llegar al orgasmo, ella se apartó de mi lado y se colocó sobre mí, con mi cara enterrada entre sus piernas mientras la suya se hundía entre las mías. Mi marido era genial en la cama, pero era un verdadero portento comiendome el coño, así que la hice a ella lo mismo que él me hace a mi y me vuelve loca. Quien iba a decir que mi marido me había enseñado como comerle el coño a una tía. Perdí la cuenta de las corridas que la lengua de Vito me hizo disfrutar, al igual que no se cuantas veces ella se corrió en mi boca, solo se que me moría de gusto y que mi barbilla se encontraba irritada del roce de su vello púbico sobre ella; su orgasmo más brutal fue el que tuvo cuando la retorcía los pezones a la vez que mi lengua volaba en su almeja, vibró como una loca cuando la llegó el terremoto entre sus muslos. Tras casi una hora abandonadas a los interminable juegos con que nos habíamos obsequiado, ella se tumbó a mi lado y ambas jadeabamos por la falta de aire, pero escasamente cinco minutos después, al verla tumbada allí, a mi lado, desnuda, sudorosa, con su largo pelo negro revuelto y pegado a su rostro y sus pezones aun erectos, volví a notar que mi vagina explotaba de placer e introduje dos dedos dentro de la de ella, penetrandola casi con violencia mientras ella se agarraba a los barrotes de la cama y se abría todo lo que podía de piernas para que la penetración fuera lo más profunda posible. El sonido del chapoteo de mis dedos cada vez que entraban o salían de dentro de ella me obligó a llevar mi otra mano hacia mi clítoris y frotarmelo salvajemente, masturbandome como no lo había hecho ni en más ardorosa pubertad. Tuvimos mil juegos más hasta que acabamos follandonos mutuamente con dos plátanos de la cesta de fruta con que nos habían obsequido al llegar a la isla, ambos cubierto por preservativos del marido de Vito, el cual espero que nunca echara de menos, y acompañando aquella penetración frutícola con humedos morreos y duros pellizcos en nuestrso pezones. Cuando nos dimos cuenta apenas quedaba media hora para que nuestros maridos regresaran a la isla, llevabamos casi cuatro horas jodiendo, corriendonos, sobandondos, besandonos, hasta incluso gocé por primera vez del sexo anal, aunque fuera con los dedos, cosa que mi marido nunca le he dejado hacer...hasta ahora. Nos hemos vuelto a ver varias veces, tanto en su ciudad como en la nuestra, hemos cenado en nuestras respectivas casas e incluso estamos programando hacer otro viaje los dos matrimonios juntos.

 Jamás hemos vuelto a tener el más pequeño escarceo y nunca he mirado a una mujer con ansia sexual, nada en ella ni en mí hace suponer que una vez nos revolcamos como perras sobre las sábanas de un bungalow, pero cada vez que la recuerdo agitada, sudorosa, caliente como una puta, se me humedecen las bragas recordandola. Solo espero que en ese futuro viaje también se pueda hacer submarinismo...

Comentario[s]
Escrito por Invitado el 2007-02-12 16:44:28
mmmmmmmmmmm vaya experiencia.Q envidia.
Mmmm...¡¡Joder!!
Escrito por Invitado el 2007-06-26 04:44:54
Me ha excitado mucho el relato, gracias :D

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