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Conocimos a una pareja en una reunión social, Carlos y Caludia son sus nombres, la cual nos la presentó un amigo en común.
Coincidió que recién se habían pasado al edificio donde antes teníamos nuestro apartamento. Era una pareja muy simpática. En la casa de ellos tuvimos varias reuniones escuchando música, les agradaba la misma música que a nosotros, y tomando uno que otro trago. Una vez nos quedamos a dormir allá de la borrachera tan tenaz que nos pegamos, pero la cuestión no iba más allá, eran solo amigos y nos sentíamos muy cómodos. Una vez que Mónica y yo estábamos haciendo el amor, y mientras la tenía en cuatro y se la introducía por delante, es una de sus posiciones favoritas, le susurré al oído que me gustaría verla haciendo el amor con otro hombre, que eso me excitaba mucho y le empecé a meter la polla más duro y más rápido, más duro como si el mundo se fuera a acabar. Ella estaba volando y me contestó entre gemido y gemido que sí, pero que a ella le gustaría que fuera Carlos, nuestro nuevo amigo. Eso me puso a volar más, y ese día me acuerdo ella tuvo varios orgasmos. Terminó agotada y con las piernas adoloridas. La cosa terminó así esa noche y yo no le volví a decir nada, tomé su comentario como palabras sin mucho significado debido al momento, aunque me fascinó oírla decir esto y más aún con alguien real de carne y hueso y no alguien salido de la imaginación. Alguien que podría estar asequible si la situación se presentaba y no de alguien que no pudiéramos tener contacto inmediato. Más de una vez les insistimos para que fueran a nuestro apartamento con el fin de atenderlos, pero por diversas causas no se pudo concretar nada en este sentido. Un día llamé por teléfono a Carlos para invitarlos a ver un partido de fútbol en nuestro apartamento y para tomar unas cervezas. Me aceptó la invitación y aprovechamos para prepararles pasta con champiñones, que sabíamos les gustaba. Lo hicimos un sábado. A mí en ningún momento se me pasaba por la cabeza que las cosas se pudieran dar fáciles y por eso no me creé falsas expectativas con estas situación. La invitación fue para pasar una velada agradable, escuchar música y tomar un par de tragos. Entrada la noche a Carlos le fue dando sueño, se estaba quedando dormido en el sofá mientras escuchábamos música. Claudia lo molestaba y le arrojaba cojines a la cabeza, ya los tres estaban prendidos y a mí también me estaba dando sueño aunque no por el trago realmente, sino más bien por cansancio. Ese día casi no estaba animado para tomar. Claudia fue la primera en decir que se iba a acostar, nosotros ya les habíamos arreglado la habitación de huéspedes. Le dijo a Carlos que se fueran a dormir y él le dijo que no, que ya se le había quitado el sueño y efectivamente así fue. Claudia se fue a la habitación y se despidió con un besito en la mejilla para nosotros y con un beso en la boca para Carlos. Nos quedamos los tres escuchando música. Mónica estaba muy prendida, se le notaba en los ojos y en su sonrisa. Carlos estaba más bien sano aunque había tomado más que ella. En ese momento traje a mi memoria lo que me dijo Mónica respecto a su fantasía y se me ocurrió que sería bueno hacerme el que me iba a dormir y dejarlos solos para ver que pasaba. Me despedí y les dije que la acabaran de disfrutar y me fui a mi habitación, me quité la ropa y me puse uno mis boxer de dormir. La habitación da al balcón, el cual se comunica también a la sala donde estaban ellos dos por sendos ventanales. Al cabo de 15 minutos aproximadamente Mónica le dijo a Carlos que iba para el baño, que no se demoraba y que mientras tanto cambiara música y pusiera de su elección. Entró a nuestra habitación, disimuladamente verificó que yo estuviera durmiendo, entró al baño y cuando salió se acercó hasta mí y se agachó para darme un beso leve en la boca, mientras me llamaba suavemente al oído, no con el ánimo de despertarme, sino con el de constatar que entre el cansancio y el trago me había dormido profundamente. Y yo claro estaba dormido hasta no más poder. Apenas cerró la puerta me fui para el balcón y me escondí detrás de uno de los ventanales que tenía las cortinas medio recogidas, era el sitio perfecto para fisgonear lo que pasara. Yo nunca había visto a Mónica en acción de conquista con otro que no fuera yo. Ella fue la que tomó la iniciativa y hasta ese momento me dí cuenta que Carlos posiblemente nunca se le había pasado por la cabeza que ellos podían tener algo. Ninguno de los dos sabía que yo los estaba mirando. Mónica comenzó preguntándole que si todavía tenía sueño, y molestando le dijo que si quería se pusiera la pijama. Yo le había dejado unos boxer y una camiseta antes de irme a “acostar”. El le respondió que no sería justo que él sólo se pusiera la pijama. Mónica se paró y le dijo que si le gustaría verla en pijama, el asintió nerviosamente y balbució un tímido sí. Ella se fue a la pared donde estaban los controles de intensidad de la luz y les bajó un poco. Mientras tanto estaba sonando la canción de Willy Colón “Oh qué será”. Llegó de nuevo al centro de la sala y comenzó a bailar sensualmente, y abriéndose la blusa se fue desabrochando lentamente los botones y sin quitársela dejó al descubierto los sostenes negros de encaje que tenía puestos esa noche. Seguía moviéndose con una sensualidad que me ponía los pelos de punta, sentía todo mi cuerpo estremecerse y unos deseos locos por estar con ella. Sufría en silencio. Y a la vez gozaba con lo que estaba viendo como preludio de una experiencia que nunca olvidaría. Mi cuerpo y mi mente exigían que continuara. Con el broche frontal se liberó los sostenes, dejando ver sus senos con los pezones bien parados. Se acarició con las puntas de sus dedos los pezones, mientras Carlos miraba sin decidirse a hacer nada, entre excitado y confundido, sin saber todavía que hacer, con seguridad pensando que sus respectivas parejas estaban en las habitaciones de los lados. Luego Mónica se empezó a bajar el short de jean que llevaba puesto hasta que le cayeron a sus pies. Estaba con una preciosa tanga brasilera color negro. Así medio vestida y medio desnuda ella le preguntó que cómo le parecía la pijama. El, nervioso e indeciso, le preguntó que si de verdad así eran las pijamas en esta casa. Ella se le acercó con esa sonrisa provocativa que solo ella sabe esbozar en estos momentos de excitación, el todavía sentado en el sillón, y le preguntó que si le gustaría acariciarle los senos. El solo atinó a estirar una mano y le comenzó a acariciar los senos, deteniéndose en los pezones muy delicadamente, como si temiera que con la sola fricción de sus dedos en la piel desnuda de ella fuera a despertarnos. Ella se le fue acercando más y más hasta que le puso lo senos casi en la cara y le pidió que se los besara. El acercó su boca a unos sus senos y comenzó a pasarle lentamente su lengua alrededor del pezón que estaba como un cohete de erecto, mientras el otro lo seguía acariciando con su mano. Luego con la otra mano libre le fue acariciando las nalgas. Se las empezó a acariciar lentamente con movimientos delicados y circulares. Yo mientras tanto estaba indescriptiblemente excitado y con un nerviosismo que no había conocido hasta ese momento, cuidándome de no hacer ningún ruido y controlando mi respiración. Mis boxer estaban que se rompían, y temía que en cualquier momento me pudiese venir de solo la fricción de la piel con la tela. La música seguía sonando a un volumen moderado y no dejaba pasar los gemidos de ninguno de nosotros tres por entre las paredes. Después de dejarse besar y mamar los senos de forma alternada, ella se quito la blusa y los sostenes y se terminó de sacar el short por entre las piernas, quedando sólo en su hermosa tanga brasilera. El mientras tanto no atinaba a hacer nada, se quedó quieto sentado en el sofá y le preguntó con vos preocupada y baja, tuve que hacer un esfuerzo grande para entender lo que le dijo, que le preocupaba mucho que yo estuviera despierto y que Claudia se fuera a despertar. Ella le respondió que no se preocupara por mí, que yo estaba bien dormido y profundo, pero que de todos modos iba a comprobar y que él fuera a comprobar en la habitación donde estaba Claudia. Se arregló la ropa como si nada hubiese pasado y se dirigió a nuestra habitación. De inmediato entré de nuevo a la habitación, cerré la puerta del balcón sin hacer ruido y me acosté como si hubiera estado durmiendo desde hace rato. Todavía no quería que ella se diera cuenta que yo los estaba viendo, quería que ellos siguieran pensando que lo estaban haciendo a escondidas para que la emoción del riesgo fuera en aumento. Ella se arrimó a la cama, se había vestido de nuevo, y me llamó en vos baja para comprobar que no estaba despierto. Me hice como el que no fue conmigo y ella salió de inmediato para la sala donde lo esperaba Carlos, que ya había comprobado que Claudia seguía dormida también. El se volvió a sentar en el mismo sillón, creo porque se sentía más seguro y quizás porque su nerviosismo se debía a que iba a ser la primera vez que engañaría a su esposa, como efectivamente lo comprobé luego con Mónica. Yo salí inmediatamente al balcón y me volvía ubicar en mi punto estratégico. Ella se fue a cambiar la música, con el fin que durara más tiempo y no los delatara la falta de música. Luego se volteó y comenzó a bailarle moviendo las caderas hacia arriba y hacia abajo como me lo suele hacer a mí cuando me quiere excitar y estamos escuchando música. Se fue quitando la ropa lentamente, primero la camisa, luego los sostenes y por último el short de jean que tan bien le queda. Volviendo a quedar en panty siguió bailando pero esta vez se empezó a acariciar los senos y luego dándole la espalda se acarició las nalgas, siempre moviéndose sensualmente. Yo decía para mis adentros que así lo iba a hacer venir muy rápido, porque él se veía que estaba temblando de la emoción y con la polla totalmente parada, lo cual no procuraba ocultar. El mismo empezó a acariciarse por encima de los pantalones mientras se reía nerviosamente. Mónica se le acercó de nuevo y dejó que le acariciara de nuevo los senos y le diera besos. El ya no se aguantó más y se paró para desnudarse, mientras ella le hacía campo para que el se pudiera mover. Cuando quedó desnudo pude ver que tenía un pene más o menos como el mío, aunque un poco más grueso. Iba a ser un buen banquete para Mónica. Me entró el desespero por querer estar allí adentro, participando en esta prometedora faena, pero no hice ningún movimiento. Ella por su parte se bajó el panty y los dos quedaron desnudos, de frente, mirándose a los ojos. Se arrimaron el uno al otro y se dieron un beso apasionado, estaban bien apretados, su pene contra el abdomen de ella, ella moviéndose hacia los lados para sentir ese miembro bien dotado en toda su dimensión. El se bajó un poco y le metió el pene entre las piernas, todavía sin intentar una penetración real, solamente para que ella sintiera el efecto que le había causado, y la vez sobarle el clítoris con el pene. Apenas sintió ese miembro tan grueso y erecto, Mónica cerró las piernas y empezó a masturbarlo con movimientos hacia atrás y hacia delante, mientras el beso seguía más y más apasionado. Desde mi posición veía cómo las lenguas se cruzaban, de como con los ojos cerrados las facciones se transfiguraban a un punto que ambos parecían que fuesen uno solo, una sola cara de placer y erotismo. Los veía como en una película en tercera dimensión, me parecía lo más real y lo más emocionante que había vivido en mi vida, y a la vez lo más irreal y doloroso que jamás me imaginara. Gozaba con el placer de ella, sufría por el amor nuestro. Ella se fue separando de él delicadamente, para arrodillarse frente a su miembro y comenzar con besitos en la punta de su pene, para luego introducírsela completamente en la boca. Yo estaba ya que me venía sin haberme acariciado ni una vez, estaba en un alto grado de excitación. Mi pene palpitaba como si hubiera estado allí participando. Veía cómo primero le chupaba la cabeza y luego se tragaba casi todo su pene de un solo bocado. Comenzó suavemente, como lamiendo un bombón, para luego engullírselo ávidamente, pegando pequeños mordiscos que más que dolor le causaba una sensación de placer inmenso por las caras que hacía. Después de esta mamadota, ella se paró y se volvieron a besar, Carlos ya estaba un poco más desinhibido y estaba tomando algo de iniciativa. Le pidió que se acostara en la alfombra boca arriba y ella de inmediato le obedeció, doblando las rodillas hacia arriba y con la plantas de los pies en el suelo. Con este panorama y la sonrisa de éxtasis que se le veía en la cara a ella, el se agachó y delicadamente le comenzó a acariciar con los dedos sus vellos, su entrepierna, aproximándose luego a su clítoris y haciéndole pequeñas caricias. Desde mi posición alcanzaba a ver claramente su clítoris, estaba rojo y grande como un pequeño pene. También estaba bien mojada, ahhh!! ese líquido maravillosos que ella desprende cuando está así me hizo envidiar a mi amigo. Cuántas veces me había imaginado esta escena, cuántas veces había deseado profundamente que otro hombre la acariciara y le hiciera el amor para que ella comprendiera que los deseos sexuales no se pueden reprimir, que este mundo esta lleno de gozo y alegría y que hay que aprovechar cada instante de la vida y sobre todo saber aprovechar los momentos especiales que nos depara la vida, muchas veces sin que uno lo pida o lo haya programado para que así pase. Haciendo caso omiso de las repetidas solicitudes de Mónica para que le mamara el clítoris, él seguía jugando con sus dedos, haciéndola retorcer y gemir de placer. Menos mal la música apagaba estos sonidos. Yo sabía que ella ya iba a tener su primer orgasmo, se empezó a poner tiesa y a llevarle con su mano los dedos de él para que la acariciara más rápido y con mayor presión, como le gusta que se lo hagan cuando se le está masturbando. En estos momentos el se agachó y sin dejar de acariciarla con sus dedos, comenzó a darle besos por la parte interior de sus muslos hasta llegar a su clítoris, ella ya estaba llegando a la cima, yo lo veía tan claramente como que me la conocía demasiado bien, estaba temblando desde la cabeza hasta la punta de sus pies. Alcancé a observar que el ya no movía la cabeza, por lo que deduje que le estaba succionando el clítoris. Ella seguía temblando y arqueándose mientras el seguía pegado de su clítoris. Este fue un orgasmo largo y delicioso, así lo sentí cuando terminó y le vi su cara, relajada y con una sonrisa de placer. Luego le dijo que parara por un momento mientras se recuperaba. Las recuperaciones de ella son asombrosamente cortas, muchas veces puede alcanzar varios orgasmos uno seguido de otro. En ese momento la música paró para cambiar a otra melodía, y a él le pareció oír un ruido proveniente del cuarto donde estaba su esposa. Se asustaron e inmediatamente y en silencio se vistieron lo mejor que pudieron, él con los boxer y la camiseta que yo le había prestado y ella sin sostenes ni panty, los cuales guardó en su cartera que estaba colgada del espaldar de una de las sillas de la sala. Se dijeron mutuamente que iban a revisar a ver si alguien se había levantado, él yéndose para la habitación donde estaba su esposa y Mónica para nuestro cuarto. En estos momentos ya la esperé al lado de la puerta y ella cuando me vio yo le hice señas de silencio con el dedo en mi boca. Ella se quedó sorprendida por un momento y luego me sonrió con complicidad, cerró la puerta tras de sí y nos acercamos el uno al otro para darnos un beso largo y apasionado. Ella sintió mi pene apretar sobre su vientre y mandó la mano por debajo de mi boxer para acariciármelo, diciéndome al oído, esto es lo que querías, nó? Yo le contesté, sí mi amor, es lo que queríamos los dos. Le pregunté, tú no sabías que yo los estaba viendo? Ella se rió y ocultó su cara en mi hombro, sentía vergüenza y a la vez placer de saber que yo los había estado viendo. Le dije que lo había hecho delicioso y que de verdad lo había disfrutado mucho, pero que creía que apenas estaban comenzando. Ella me dijo que aunque él era un poco tímido, le fascinaba ahora más y que cómo le gustaba ese pene, que era exquisito. Le dije también que era mejor que por esta noche hicieran el amor ellos dos solos y luego veríamos como hacíamos para insinuarle que yo sabía de su relación, que estaba de acuerdo y que queríamos un trío. Estuvo de acuerdo conmigo. Acto seguido se fue para la sala, en donde el ya estaba sentado. Me volví a salir al balcón con mucho sigilo y los ví besándose y acariciándose con las manos. De seguro ya le había dicho que yo estaba profundamente dormido. Parece ser que él tampoco encontró nada anormal con su esposa. Se desvistieron mutuamente hasta que quedaron desnudos de nuevo, ella por encima del hombro de él miraba hacia el balcón tratando de ubicarme, él estaba de espaldas a mí. Cuando me asomé un poco para que me viera me regaló una sonrisa espectacular mientras Carlos le besaba el cuello y las orejas. Yo me saqué el pene y se lo mostré. Estaba duro y me dolía, necesitaba hacer algo urgente. Me comencé a masturbar mientras los veía, retrocediendo hacia mi escondite. El se separó de ella y le dijo que se recostara contra el sillón y le abrió las piernas para penetrarla lentamente y con mucha delicadeza, primero un poco adentro y lo sacaba, luego más profundo hasta que vi que se lo metía todo. Se quedaba un rato adentro dando círculos con su pelvis y luego lo volvía a sacar. Ella estaba volviendo a subir y esta vez muy rápidamente, mientras le decía que así le gustaba, alcanzaba a descifrar de sus labios. El se separó un poco y bajó su mano izquierda y sin dejar de moverse lentamente, comenzó a acariciarle el clítoris. Ella ya no aguantó más y yo me temía que fuera a pegar un grito, pero no, se controló y solo gemía, no la podía escuchar a través de la música pero sabía que lo estaba haciendo, a ella le queda imposible quedarse callada cuando hacemos el amor, nos fascina hacer ruidos, gemir, decirnos palabra soeces y hasta gritar de vez en cuando. Tuvo otro orgasmo y parecía que nunca iba a parar, seguía templada y moviéndose frenéticamente mientras el seguía el ritmo. Yo ya no aguantaba más y me vine al mismo tiempo que ella. Al momento cuando él se iba a venir se lo dejó saber al oído, inmediatamente ella lo apartó un poco y cogiendo su miembro entre sus dos manos, se lo llevó a la boca, succionando y moviendo su cabeza para atrás y adelante. Vi cuando él se puso rígido y ella sin parar de mamársela se tragaba el semen, veía claramente cuando lo pasaba por su garganta como si estuviera tomando el licor que los había hecho desinhibirse y gozar de todo este placer. Cuando ella apartó la boca de su pene, éste todavía seguía duro, pero sin rastros de semen por ningún lado. Inmediatamente se sentó en el sofá y se estiró. Le dijo que había estado sensacional, pero que todo el tiempo había estado temeroso que fuera a salir alguno de nosotros y los vieran. Ella le sonrió y lo tanteó diciéndole, pues yo estoy casi segura que a él no le importaría, es más él es una persona de mentalidad muy abierta y hasta le hubiera gustado estar aquí presente. El abrió los ojos y le dijo confundido, por qué estás tan segura? El te lo ha dicho? Ella le contestó, no pero yo me lo conozco y sé que el también ha tenido algunas aventuras con algunas de mis amigas y que le gusta probar cosas nuevas y excitantes. El respondió, pues la verdad es que eso a mí me da temor. No volvieron a hablar más del tema, pero ella ya sabía que existía alguna posibilidad de que se pudiera realizar este trío. Al rato se vistieron y decidieron que ya era hora de acostarse, a él le había vuelto la timidez y lo noté hasta intimidado con esta mujer que le había hecho el amor y que le estaba proponiendo cosas extrañas. Me imagino que estaría pensando lo extraño de nuestra relación. Ella entró al cuarto después de apagar el equipo de sonido y las luces. Yo ya estaba en la cama desnudo y más excitado que nunca. Ella inmediatamente se desnudó y me dijo un “te amo” al oído mientras se acostaba junto a mí, luego nos besamos. Yo sentía un leve sabor de lo que me pareció semen en su boca y eso me excitó mucho más. Ella se me subió encima y se metió el pene suavemente, diciéndome que si me había gustado lo que vi. Le dije que me había gustado mucho y que lo teníamos que repetir algún día. No me dijo nada, se llevó las manos a la cabeza y luego comenzó a acariciarse los senos mientras se movía con ritmo lento hacia atrás y hacia delante, acariciándose el clítoris contra mi pelvis. Sabía que esta posición le encantaba y que la hacía venirse rápido, al cabo de unos minutos tuvo un orgasmo corto pero intenso, dándome cuenta de esto cuando la vi frenarse y apretar las piernas fuertemente contra mis caderas. La cara de placer la hacía ver radiante. Le dije que se pusiera en cuatro para penetrarla por delante. Comencé a acariciarle el trasero y a darle pequeñas palmadas en las nalgas. Comenzó a moverse más rápido. Me preguntó que si quería culito y yo le dije que sí. Me hechiza cuando ella es la que propone que la penetre por detrás. Saqué la crema que compramos hace poco para estos casos especiales y un condón ultrasensible. Me puse el condón y volví a penetrarla por delante, mientras le esparcía la crema en su precioso culito para luego explorar cada vez más profundamente con mi dedo. Ya cuando ella comenzó a gemir más duro, me di cuenta que ya estaba lista, saqué el pene de su vagina y se lo puse en todo el inicio de su culito. Lo fui empujando lentamente, me detenía hasta que ella decidiera moverse para seguir con la penetración, mientras tanto ella misma se acariciaba el clítoris con dos dedos de su mano izquierda. Empezó de nuevo a moverse y mi pene a entrar cada vez más, suavemente, más adentro, más profundo. Sentía ese culito apretadito cuando iba entrando. Comencé a moverme lentamente, primero hacia los lados y luego hacia atrás y hacia delante, lentamente. Ella dejó de acariciarse para poner sus manos junto a su cabeza, mientras se movía al mismo ritmo mío. Se estaba moviendo cada vez más rápido y me decía que se iba a venir, que sentía delicioso. Mientras tanto yo ya no aguantaba más y le dije que nos viniéramos juntos. Ella seguía moviéndose frenéticamente mientras yo me venía de a poquitos. El orgasmo anal que tuvo le duró un buen rato, porque seguía moviéndose y al cabo de un rato bajó el ritmo hasta quedarse quieta y ya totalmente acostada sobre la cama conmigo encima. Al otro día nos levantamos todos tarde. Noté que Carlos no me quería dar la cara, y lo molesté cuando lo saludé, entonces viejo Carlos, con mucho guayabo y cansado del trajín de ayer? Mónica entendió el indirectazo, pero él pareció no darse cuenta ya que en un principio no dijo nada y luego comentó mirándome a los ojos, sí, algo de guayabo y un poco cansado por tantas vueltas que tuvimos que hacer ayer con Claudia. Se quedaron con nosotros el resto de la mañana, las mujeres prepararon el desayuno mientras nosotros hablábamos cosas intranscendentes en el balcón. Lo noté un poco más relajado y sonriente. De verdad que me caía muy bien y auguraba una muy buena amistad. Dejamos de vernos por un buen rato, en parte porque el estuvo ausente de la ciudad por varios días, y en parte porque Mónica y yo estábamos con bastante cosas por hacer los fines de semana. Al mes de esta estupenda velada, no había noche que Mónica y yo no hiciésemos el amor pensando en lo que pasó, recordándonos al oído todo lo que vivimos y prometiéndonos mucho mas, Carlos me llamó al trabajo para invitarnos a su apartamento a devolvernos la invitación de la otra noche, quería que pasáramos una buena noche escuchando una música nueva que recién había adquirido. Por supuesto le confirmé nuestra asistencia y le agradecí el gesto. En mis adentros me forjé un sin fin de fantasías. Llamé inmediatamente a Mónica y le conté la buena nueva. Ella reaccionó como yo lo esperaba, casi da un grito de la felicidad y me dijo que esa noche necesitábamos hablar al respecto, muy seriamente al respecto. Esto me dejo entre preocupado y más excitado todavía por haberle oído su reacción positiva a la invitación. Entrada la noche empezamos a hablar de la llamada de nuestro amigo y de lo que creíamos podría él estar pensando. Algo que yo ni siquiera me había imaginado y que Mónica me soltó de una era que de pronto a él le había quedado sonando lo del trío, pero no cualquier trío, de pronto lo que el quería era una relación completa, con mujer y con hombre a la vez. Me sorprendió su audacia y su imaginación, pero si algo había aprendido a respetar era su sexto sentido, y no le negué esta posibilidad. Ante esta opción de frente y sin tapujos, le dije que de verdad no me disgustaba, y más tratándose de alguien que ya había estado con mi esposa y que sabía que le gustaba mucho. Mónica estaba enterada que yo ya había hecho el amor con otro hombre una vez antes de casarnos, más por experimentar y conocer lo nuevo que porque me llamara poderosamente la atención. De todos modos esa vez la pasé fantástico, estábamos tomados. Mi amigo si era un gay declarado, se llama David, un excompañero de la universidad, pero ante todo siempre exisía ese respeto único que lo identificaba. Luego de graduarnos nos seguíamos reuniéndonos en grupo con otros compañeros y compañeras de clase. En una de esas salidas, yo no había llevado mi carro y mi amigo me había recogido junto con otros dos compañeros, nos fuimos a tomar cerveza y a escuchar música a un bar nuevo que inauguró otro amigo mutuo. Cuando salimos de allí estábamos bien prendidos y nos invitó a su apartamento. Solamente otro de los que íbamos, Juan Carlos, y yo aceptamos la invitación. Los otros ya estaban demasiado cansados, era un viernes, o tenían que llegar a la casa a responderle a su esposa. Todo el mundo sabía sus preferencias sexuales, pero también sabían del respeto y seriedad de él. Así que nos fuimos a su apartamento los tres y seguimos bebiendo y escuchando música y hablando de todo lo que hicimos y no hicimos en la universidad. Al cabo de un rato Juan Carlos empezó a sentir muy mareado y nos dijo que por favor le pidiéramos un taxi. David le dijo que ni más faltaba que lo llevábamos a su casa. Después de dejar a Juan Carlos en su casa, le dije a David que la noche apenas comenzaba, que si conocía de algún sitio interesante donde pudiésemos ir. Me dijo que si, que había un sitio que el a veces frecuentaba pero que era guy, que si me importaba. Yo le respondí que no, que estaba bien. Nos fuimos para allá, era un club privado más que un bar o discoteca. La decoración me gustó mucho, era muy clásica y de buen gusto. Nos sentamos en la barra y pedimos whiskey cada uno, vaya que revoltura habíamos hecho esa noche. Me llamó la atención que el sitio estaba lleno de personas agradables, todos hombres, cada uno metido en su cuento y sin ocultar nada. Habían unos bailando, otros sentados solo hablando y otros besándose apasionadamente en los rincones más oscuros. Me llamó la atención sobretodo una pareja que podía distinguir desde donde estábamos y que se estaban besando como si fuera la cosa más normal del mundo, era claro que en este sitio esto sí era lo más normal del mundo. David se dio cuenta de mi mirada fija hacia esa pareja y me preguntó que si me incomodaba esa vista. Le dije de una, y sin saber realmente por qué, que no me incomodaba, lo contrario, que me llamaba poderosamente la atención y que no le veía nada de raro, después que hubiese atracción, gusto y ganas de dar y procurar placer, que antes me parecía muy excitante. Hasta ese momento a ninguno de los dos se nos había cruzado por la mente que pudiera pasar algo. Pero el ya me miró con otros ojos y no se si por efectos del trago o porque se había despertado algo en mí, lo comencé a mirar como si se tratase de una conquista a realizar. No volvimos a mencionar el tema y seguimos hablando de tantas cosas de nuestros trabajos, de mis novias, en fin de muchas cosas que creo no eran trascendentales. Cuando decidimos irnos del sitio me preguntó que si me llevaba a mi apartamento. Le dije que no, que creía que todavía estaban servidas las copas en el apartamento de él y que de verdad no tenía sueño todavía. Cuando llegamos a su apartamento pusimos algo de música y seguimos tomando. Yo y a de verdad estaba algo tomado, pero estaba excitado por saber que pudiese pasar, yo sabía que si yo no tomaba el primer paso el nunca lo haría. Le dije que estaba como cansado ya y que si me podía quedar en su apartamento. Me respondió que no había ningún problema, pero que debía dormir en el sofá ya que no tenía otra cama en el apartamento. A esto le dije que estaba bien. Me trajo unas cobijas y almohada. Estando el presente, y a conciencia de lo que estaba haciendo, me comencé a desvestir mientras el terminaba de limpiar la mesa de centro de la sala donde habíamos estado tomando. Me quité los pantaloncillos y así desnudo me fui para el baño. El no dijo nada ni demostró mayor interés, lo vió como lo más natural del mundo. Me di una ducha y volví a salir desnudo, esta vez con el pene un poco menos que dormido. El a su vez también estaba desnudo esperando a que yo saliera. Tiene un cuerpo atlético y bien proporcionado y el pene aunque dormido se le veía de una tamaño de respeto. Me llamó la atención que se afeitaba todo el vello púbico, y esto me excitó más. Al verme así me preguntó si el frío me hacía ese efecto, le dije que sí, normalmente el frío me causaba erección. Sin decir nada más entró al baño y se duchó también, no sé si porque me vió hacerlo o por costumbre cuando se iba a dormir. Cuando salió de la ducha yo ya estaba en el sofá, desnudo y acostado, con mi pene como la torre de pizza, totalmente erecto e inclinado hacia un lado. Volteé a mirarlo y noté con agrado que el también había salido de la ducha con su miembro erecto, y vaya que estaba bien erecto. Aunque un poco menos grueso que el mío, el largo me pareció era mayor. Se dió la vuelta para mirarme y le dije que por lo visto a él también le afectaba positivamente el contacto con el agua fría, y que sería un desperdicio si nos fuésemos a acostar sin calmarnos este frío mutuamente. Me invitó a su habitación y desfilamos para su cama. Lo primero que hice, y no se por qué lo hice, fue pararlo antes de llegar a la cama, voltearlo de los hombros, agacharme y comenzárselo a mamar. Aunque era mi primera vez, de alguna forma ya sabía como me gustaba que me lo hicieran a mí y le pegué una mamadota que si no me dice nada allí me quedo metiéndome ese miembro grande en mi boca, chupando, lamiendo y succionando. Al cabo de un rato me paró y me dijo que quería que hiciéramos. Mi respuesta fue que yo me dejaba llevar, que no tenía experiencia homo y que estaba dispuesto a todo. Me preguntó que si le gustaría más que se la introdujera o que el a mí. Le dije atrevidamente que quería experimentar de los dos. La experiencia en ambos sentidos fue realmente placentera, fue algo nuevo y excitante. El sentir un pene por el trasero fue algo espectacular, la delicadeza con la que lo hizo fue algo digno de un maestro, y eso que yo me consideraba experto en estas materias. Pues de él aprendí a hacerlo, a proporcionar placer anal sin el temor al dolor físico, a cómo hacer una penetración anal placentera y única. Cuando el quiso que yo lo penetrara, seguí exactamente su ejemplo. Nos hicimos de lado y con mucho cuidado lo penetré, después de lubricarlo bien con la crema que para tal efecto David había sacado de su mesa de noche. Lo veía retorciéndose del placer, tratando de alcanzar un orgasmo femenino en un cuerpo masculino, fue algo espectacular. Antes de venirme le dije que quería experimentar el que él se me viniera dentro, Intercambiamos de nuevo posiciones, y esta vez con mayor confianza y sin ningún temor de parte mía, me dejé penetrar por detrás. Esta vez quise hacer algo diferente le propuse que me pentrara yo estando boca arriba y con las piernas levantadas, en la clásica posición femenina para penetración. A él le gustó mucho la idea y me penetró con más cuidado que la vez pasada. En todo este tiempo mi pene seguía erecto a más no poder. Cuando sentí que el se iba a venir, yo ya estaba en el clímax, me movía al mismo ritmo que él y sin necesidad de siquiera acariciarme el pene, la sola fricción de si estomago en mi pene era suficiente, yo sentía que también me iba a venir. Al final nos venimos al mismo tiempo, el dentro de mí y yo encima de su cuerpo, en una serie de espasmos que hacía mucho rato no sentía. Esa noche nos despedimos y aunque seguimos hablando y de vez en cuando salimos en grupo, no volvimos a acostarnos nunca más. No lo sé realmente, pero me pareció mejor así. Volviendo a la historia presente, el hecho que ambos sabíamos de mi anterior experiencia homosexual le daba un toque especial a esta invitación. Esperábamos con ansiedad la reunión y lo que pudiese salir de ésta, sabiendo que no podíamos crear falsas expectativas en una situación que más bien parecía incierta. Cuando llegó el día, un sábado del mes de noviembre, nos arreglamos temprano para tener tiempo de ir a comprar un vino y unas flores. Ella se puso una minifalda negra, zapatos de tacón y una blusa que dejaba entrever el nacimiento de sus senos de manera provocativa, ella sabía muy lo que quería y de seguro iba a esforzarse para conseguirlo. No se puso interiores, y eso me gustó todavía más. Estaba que le hacía el amor allí mismo en el auto cuando me di cuenta que no llevaba interiores. La comencé a molestar y a acariciar el clítoris diciéndole medio en broma y medio en serio que ella debía llegar bien lubricada y estar lista para lo que fuera. Ella asintió y agregó que yo también estuviera listo porque no sabíamos lo que pudiese pasar, haciendo clara alusión a una relación homosexual entre nosotros dos. Estaba seguro que ella deseaba esto más que nada, y así me lo dejaba saber. Cuando llegamos al apartamento de nuestra pareja amiga nos abrió la puerta el mismo Carlos. Después de saludarnos y en el momento que nos invitó a seguir le pregunté que dónde estaba Claudia. El muy naturalmente nos informó que ella estaba donde sus abuelos desde hacía tres días, uno de ellos estaba muy enfermo y tuvo que irse a ayudar a cuidarlo, y que posiblemente regresaba el martes. Para los dos fue una muy grata sorpresa que nos dijera esto, pues el hecho de estar ella era algo que no me dejaba tranquilo, pensando como íbamos a intentar nuestra hazaña con su presencia. Mónica y yo nos miramos cómplicemente cuando Carlos nos dio la espalda para lo siguiéramos dentro del apartamento y nos sonreímos. Ya sabíamos todos a lo que íbamos, hacía falta únicamente saber hasta dónde podíamos llegar. La velada comenzó con la invitación a conocer su apartamento. Estaba muy bien arreglado y se veía que tenían muy buen gusto para decorarlo. Cuando llegamos al cuarto de ellos nos quedamos mirando la cama de matrimonio, más bien parecía una cancha de fútbol, inmensa y se veía muy cómoda. Mónica se tomó el atrevimiento de decir que con esa cama era un desperdicio sólo dormir dos personas. Carlos y yo nos miramos y sonreímos, dejando que el pícaro comentario quedara flotando en el aire. Después de esto nos invitó a la sala y puso un CD de la música nueva que había comprado, los éxitos de Willy Colón!!!! Más sorpresas agradables la que nos deparaba esta noche. Estuvimos conversando un buen rato sobre nuestros trabajos y estudios, para luego pasar a temas más personales como gustos en libros, comidas y...mujeres, es decir mujeres y hombres por supuesto aclaró Mónica. A este punto le cedimos la palabra a Mónica, ella muy dueña de sí misma y con mucha seguridad dijo que los hombre le gustaban ardientes y muy apasionados, que supieran como hacerle el amor a una mujer, que fueran desinhibidos y que no les diera miedo las nuevas experiencias. Cómo cuales cosas nuevas preguntó Carlos. Ella respondió desfachatadamente como relaciones en grupo y relaciones homosexuales. Observé que Carlos se puso colorado momentáneamente y miré a Mónica como queriendo decir que iba muy rápido, pero para ese entonces él ya se había recuperado y estaba repuntando al decir que aunque el no era ningún mojigato, nunca había contemplado este tipo de relaciones, pero que realmente nunca lo había hecho y no sabía si sería capaz de hacerlo. Como Carlos estaba sentado al frente de donde estábamos Mónica y yo, tenía un panorama completo de la piernas de Mónica y de su minifalda, mejor dicho de lo que quedaba de la minifalda, pues al estar sentados en un sofá muy blando la falda se le había subido y aún con las piernas cruzadas era poco lo que se ocultaba. En este momento ella hizo cambio de cruce de piernas de forma deliberada, y lentamente abrió las piernas antes de cruzarlas de nuevo. De reojo noté esta acción y me pareció una eternidad el momento que ella tomó con las piernas abiertas. Noté por supuesto también la mirada extraviada de Carlos, como de pena y queriendo evitar que yo me diera cuenta que lo que más quería él era meterse con los ojos en medio de sus piernas. Lo que vio lo puso más nervioso todavía, ya que la luz de una lámpara en frente de nosotros no dejaba lugar a dudas que ella había venido sin interiores. Lo que estaba observando era una clara insinuación y por supuesto una clara complicidad del esposo. Me imagino que lo que vio le recordó aquella noche ardiente en nuestro apartamento, un clítoris húmedo y deseoso de ser besado y lamido, una preciosa cuca sin nada de vellos, cuidadosamente depilada y cuidada para dar y tomar placer. De inmediato Carlos me recordó que era mi turno y distrajo el momento de clara excitación para oir mi respuesta. Le dije que claramente me gustaban las mujeres sensuales, pícaras, volteando a mirar a Mónica con una sonrisa en los labios, que supieran hacer el amor de todas las formas posibles y las no posibles también, y que igualmente le gustaran las mujeres. Esto era algo que no habíamos discutido seriamente nunca, por lo que Mónica hizo un gesto de sorpresa y de asentimiento implícito, como diciendo esto luego lo conversamos de verdad. Agregué que en cuanto a lo que había dicho nuestra Mónica era algo que ya había experimentado, los ojos grandes de Carlos me hicieron saber su total sorpresa. También dije que lo había disfrutado y que aunque solo lo había hecho una vez, no sabía si la oportunidad se volviera a presentar y de pronto la tomaba. Risas de nuevo y miradas nerviosas de Carlos hacia uno y otro de nosotros dos. Ahora el turno de Carlos. Respondió a la pregunta que aunque las mujeres le gustaban más bien cariñosas y calmadas, recién había tenido una experiencia con alguien que lo había dejado casi traumatizado, pero que había aprendido a que ser más atrevido y agresivo traía sus premios. Ya nos estábamos empezando a relajar más por los tragos y por el tema de conversación. Propuse que por que no jugábamos a pico-botella. A los dos le fascinó la propuesta. Y cómo jugamos preguntó Mónica, yo sugerí que a las prendas. A quien le tocara la punta de la botella decidía a quien le tocaba que quitarse una prenda. Esta persona decidía qué prenda se quitaba. Trajo una botella de vino vacía y comenzamos nuestro juego tirándonos al piso. El primer turno de poner a girar la botella le tocó a Mónica por supuesto. Le cayó a ella misma, y para mi sorpresa me eligió a mí para comenzar el destape. Me quité los zapatos. Luego yo giré la botella y le tocó a Mónica de nuevo. De nuevo me eligió a mí y me quité las medias. Ella giró y le tocó a Carlos. Pensé que iría a elegir a Mónica, pero para sorpresa me eligió a mí. La noche se estaba poniendo interesante. Me quité la camisa. Ellos dos no se habían quitado nada y muy inocentemente protesté por el abuso y la falta de consideración. El tuno de Carlos le cayó a Mónica de nuevo y ella esta vez eligió a Carlos para su primera prenda. Comenzó por la camisa. Carlos volvió a girar la botella y le tocó a él mismo. Esta vez él eligió a Mónica. Los dos sabíamos que con tan poca ropa ella iría a adelantarse en un momento con sólo quitarse una prenda. Comenzó por su blusa, dejando ver unos pechos fabulosos escasamente cubiertos por unos sostenes a medio pecho. Se veía estupenda, los pezones erectos a través del encaje del sostén. Ya Carlos se estaba poniendo caliente, se le veía a través de su pantalón un bulto que crecía paulatinamente. El ver esto y a Mónica con su inocencia fingida y sentada de rodillas hacia un lado como si quisiese demostrar toda el pudor que indiscutiblemente ella no tenía, hizo que yo también reaccionara sintiendo como mi pene se iba despertando y notándose a través del pantalón. Ella lo notó y sin ninguna pena frente a Carlos se estiró y me acarició el pene a través de los pantalones. Carlos se rió nerviosamente y bajó la mirada. El siguiente turno me tocó a mí y sin pensarlo dos veces elegí a Mónica para su siguiente prenda. Ella de inmediato se quitó los sostenes, dejando al descubierto los senos con sus pezones rosados erectos y dispuestos a todo. Lo único que atinó Carlos fue a decir que tenía unos pechos muy bonitos. Yo respondí por ella y le dije que si quería podía acercarse a contemplarlos más de cerca, y por qué no acariciarlos a ver si era posible que los pezones se le pararan más. Mónica lo miró fijamente y le dijo que se acercara. El lo hizo muy indecisamente, como si todavía tuviese alguna duda que era lo que queríamos todos. Se acercó un poco y si atreverse a mucho estiró una mano y le acarició primero un pecho y luego el otro. Mónica me miró y dio un pequeño suspiro de excitación. Carlos volvió a su puesto y agregó, se sienten todavía mejor que lo que se ven. Indiscutiblemente que es así, pensé yo, ya que tu los has probado también con tu boca, pero me contuve y no dije nada por ahora, siguiendo nuestros juegos. Los siguientes turnos nos tocaron a Carlos y a mí, por lo que en momento estábamos en pantaloncillos los dos y ella todavía con su única prenda, la minifalda. Los bultos de nuestros pantaloncillos no dejaban lugar a ninguna duda, ya casi se acercaba el momento. Seguíamos sorbiendo casi automáticamente nuestros tragos. A este punto Mónica decidió cambiar de posición y no guardar más el fingido pudor, así que se sentó de frente a nosotros dos, con la piernas cruzadas lo más que le permitía la bien subida minifalda y con las manos cruzadas en su regazo. El panorama no podía ser mejor, se notaba claramente lo húmeda que estaba. Carlos la miró ya con ojos más descarados y mantuvo durante un rato su mirada. Ella abrió un poco más sus piernas y dejó caer sus manos a los lados para que la visión fuese más placentera por parte de los dos. El siguiente turno fue para Mónica y por cosas del destino le cayó a ella misma el turno. Se levantó y muy sensualmente se bajó la minifalda, dejando ver sus nalgas bien redondas y su pubis totalmente afeitado. Se veía como una diosa así parada desnuda frente a los dos, nos miraba a uno y a otro como incitando a ver quien sería el primero en acercarse a probar suerte. Miré a Carlos y le dije, pues el juego se acabó aquí y comenzó lo mejor. Me paré y me quité los pantaloncillos, esperando que él hiciera lo mismo. Me volteé hacia él, totalmente desnudo y con el pene temblando de la emoción y le pregunté que si quería que le ayudara con los suyos. Sin esperar respuesta Mónica y yo nos acercamos y le comenzamos a bajar los pantaloncillos, lo cual no fue muy difícil si tenemos en cuenta que ella lo primero que hizo fue liberar el miembro con una mano mientras que con la otra le comenzaba a bajar los pantaloncillos. Apenas estaba abajo, cuando ya Mónica y yo acercábamos nuestras bocas a ese pene largo y sabroso que ya yo había visto y que Mónica se había comido. Entre besos y caricias, Mónica y yo se lo mamamos. Algunos momentos ella paraba y me miraba hacerlo solo, me animaba a que lo mamara más y me lo metiera todo en mi boca como ella lo hacía conmigo. Le obedecí sin ningún tipo de queja por mi parte, lo estaba disfrutando mucho. El ver que ella también lo disfrutaba me daba más ganas de hacerlo. Ella quería también seguir mamando, así que momentáneamente me apartaba y la dejaba que lo hiciera. Carlos tenía los ojos cerrados y se veía que lo estaba disfrutando al máximo. Mónica se apartó y dándose la vuelta se puso frente a las nalgas de Carlos. Mientras yo se lo seguía mamando, ella comenzó a besarle las nalgas. Carlos se estremecía del placer, cuando note que Mónica el separaba las nalgas y le comenzaba a dar besos mas y más profundos, para lo cual él de alguna forma sacaba las nalgas hacia atrás. Parecía que esta nueva experiencia le gustaba más de la cuenta. Nos acostamos en el piso los tres y nos comenzamos a dar besos apasionados, de forma alternada, los tres a la vez. No sabíamos quién besaba a quién, era una total locura. Mientras nos besábamos, sentí una mano de Carlos acariciando mi pene, mientras los dedos de Mónica exploraba mi culito. De un momento a otro ella se paró y fue por su cartera que no estaba lejos. Eso nos dejó momentáneamente a Carlos y a mí acostados en el piso besándonos y masturbándonos mutuamente. Esto no lo había hecho ni siquiera con David, el besarnos, así que la sensación era también nueva para mí. Cuando llegó de nuevo Mónica sentí sus dedos fríos y húmedos en mi trasero, había traído la crema lubricante que usamos cuando la penetro por detrás. Me comenzó a meter los dedos, primero uno, luego dos, y hasta tres dedos sentía dentro de mí. Por su parte Carlos se había apartado un poco y nos miraba con ganas de querer hacer algo más. Le dije que si quería podía penetrarme, para lo que no se hizo rogar. Me puse en cuatro, Mónica se hizo debajo mío en posición inversa para hacer un 69. Esta posición adicionalmente le permitía observar en primera fila como me penetraba mientras yo le mamaba ese delicioso y húmedo clítoris. La penetración de Carlos fue fabulosa, sentí que ante la primera embestida me iba a venir allí mismo, situación que indudablemente era ayudada por la mamada que me estaba dando Mónica. Paramos cuando les dije que quería cambiar posiciones antes de que nos viniéramos los dos. Ya Mónica había tenido su primer orgasmo, el cual celebramos Carlos y yo diciéndoles palabras de amor. En medio del cambio le dije a Carlos que me había fascinado el cómo le había hecho el amor a mi esposa las vez pasada en el apartamento, pero nunca me imaginé que llegaríamos a esta relación tan estupenda. Me dijo que a él jamás se le pasó por la mente ni estar con Mónica ni mucho menos conmigo. Le pregunté que si estaba dispuesto a dejarse penetrar por mí, y me respondió con un sí. Mónica estaba más que excitada por lo que estaba pasando, me dijo que no lo podía creer y que lo estaba pasando muy bien. Así que con mucha paciencia y cuidado nos dedicamos Mónica y yo a lubricar a Carlos por detrás. El se puso en cuatro como yo lo había hecho, mientras Mónica se acostaba y se ponía al alcance de la boca de él para que le hiciera la miné. Lo fui penetrando muy despacio y con mucho cuidado, sabiendo que era su primera vez. Pues después del primer momento de incomodidad, él se sintió libre de moverse y comenzó un movimiento frenético que hasta a mi mismo me sorprendió. Mónica ya se venía de nuevo con pequeños gritos y gemidos. Y Carlos no demoró en seguirla, viniéndose en la boca de Mónica como la vez pasada, se que a ella le gustó mucho y esta vez también. Sabiendo que Carlos estaba fuera de combate, me dirigí hacia Mónica quitándome el condón en el transcurso, y entrando en Mónica como le gusta, suave inicialmente y luego duro, paraba y volvía a iniciar el ciclo. Nos venimos simultáneamente mientras Carlos nos observaba. Fue un polvo exquisito, de esos que siempre se tienen en la mente como algo especial. Nos despedimos de besos con Carlos, prometiéndonos que no perderíamos el contacto. Carlos nos prometió que no sólo no íbamos a perder contacto, sino que iba a intentar convencer a Claudia que participara con los tres un una reunión que podría ser muy interesante. Con esa promesa nos despedimos. Sabíamos que no iba a ser la última vez que nos reuniríamos. wvc 2005 copyright wilverado@hotmail.com |
Lo mejor es el título Escrito por Rubick el 2007-07-30 09:14:46 Un poco adusto de leer por la falta de párrafos. Un saludo |
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